UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Cine

Leo, y así me lo confirman, que en una localidad donde hacía treinta años que no se proyectaban películas, se va a volver a ver cine de manera habitual. La localidad es Guardo, en el norte de la provincia de Palencia; lugar que me resulta muy grato porque está muy próximo al de mi procedencia. Esa zona de la montaña palentina, en otros tiempos próspera y habitada, sufrió como pocas el declive de la minería y de la industria allí establecida, y lucha hoy por mantener actividad aprovechando sus recursos turísticos, que no son pocos, y su belleza natural, que es mucha.
Por todo eso, la noticia, aunque pueda parecer un asunto de alcance local, tiene un alto significado. Que en un sitio donde dejó de verse cine hace tanto tiempo, vuelva a verse cine, es todo un símbolo, especialmente si se produce en lugares como el citado. Quiere decir que hay gente allí que no se resigna a quedar al margen de oportunidades culturales y de ocio que parecían alejadas para siempre. Y la hay, como es bien notorio por el nivel de la actividad musical o teatral que desarrollan.
El cine, ciertamente, fue durante mucho tiempo un instrumento para la trascendencia; de lo local a lo global; de cualquier sala oscura al universo a través de historias contadas con imágenes. No había localidad que se preciara de ser relativamente importante, que no tuviera cine. Y ese era el lugar donde la nostalgia, la evasión, el sentimiento, la alegría o la tristeza, tenían su acomodo. Pero todo jugó en contra, y la televisión, los medios de transporte, el internet, la supuesta modernidad, y hasta la demografía, dieron al traste con aquella magia. Salvo en las ciudades y en algunas localidades de cierto tamaño, donde algunas salas pudieron sobrevivir actualizándose, la mayoría fueron desapareciendo, reconvertidas, demolidas, o simplemente cerradas. Y, con frecuencia, añoradas por tanta gente que las frecuentaba.
Cunde ahora la creciente preocupación por la despoblación y el envejecimiento en amplias zonas del territorio. Y se acusa a la falta de oportunidades, de servicios, de estímulos y de iniciativas, como una de las causas del abandono. Pues digo yo que recuperar un cine, en la forma que sea, va en la buena dirección; un pequeño detalle, pero de un valor espectacular.


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