COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La elecciones europeas también existen

Pasan desapercibidas. Es como si las elecciones europeas no existieran porque los partidos apenas se preocupan de ellas. En los debates televisados para las generales los líderes de los partidos ignoraron Europa a la que no mencionaron ni una sola vez como si España fuera una isla en lugar de una península unida al continente. Bien. Podría pensarse que ese desplante sería subsanado un mes después durante la campaña electoral específica. Pues tampoco. Preocupados por revalidar los resultados del 28-A o por sobreponerse a los batacazos sufridos, como una segunda vuelta de las generales, también se olvidan de explicar cuál es su modelo europeo, sus soluciones para hacer frente a los desafíos pendientes comenzando por la propia existencia de la UE amenazada por eurófobos, ultranacionalistas y ultraderechistas.

Ni tan siquiera los cabezas de lista de los diferentes partidos que tienen campañas propias tienen un seguimiento asiduo por los medios de comunicación y por supuesto su programa permanece en un anonimato más profundo que el de las elecciones municipales y autonómicas. Que también son prácticamente desconocidos porque en los mítines los líderes políticos se dedican a hacer de cronistas de la vida política. A los nacionalistas catalanes,  tradicionalmente muy europeístas, el Parlamento Europeo solo les interesa en este momento como un altavoz para sus intereses independentistas por la vía de la denuncia de la supuesta represión que sufren por parte del Estado español.

Y el debate protagonizado por los líderes de las seis grandes corrientes europeas pasó en España sin pena ni gloria a pesar de que uno de ellos, probablemente el representante del Partido Popular Europeo, Manfred Weber sea el presidente de la Comisión Europea si después de las elecciones obtiene el respaldo de los jefes de Estado y de Gobierno de la UE. Sera el momento de un nuevo impulso a la construcción europea que se encuentra estancada y con las dos locomotoras sin sincronía para tirar del convoy sobre los asuntos pendientes como terminar la reforma bancaria y financiera para evitar crisis como la de 2008  y volver a coger ritmo en reformas sociales que haga atractiva para los ciudadanos la idea de una Europa unida.   

Una UE cuyas instituciones –a pesar del déficit democrático que continúa arrastrando el Parlamento Europeo son las que tienen la obligación de dar solución a algunos de los problemas que se suponen que más preocupan a los españoles como la inmigración irregular con la necesidad de reforzar la frontera sur. O como las políticas contra el envejecimiento y la despoblación, además de prevenir un futuro cercano en el que además de resolver las consecuencias del Brexit es preciso que la UE se fortalezca para seguir siendo un actor importante en un mundo en el que Estados Unidos, Rusia y China tratan de reducir su influencia en una lucha en la que Europa tiene que hacer valer su capacidad tecnológica para no quedar relegada.  O avanzar en la política de defensa común.  Y ante tantos problemas de orden económico pensar en avanzar en una Europa social donde pudiera establecerse un salario mínimo europeo o un complemento de paro pueden aparecer una utopía pero en la que seguir avanzando para que se mantenga el apoyo de los ciudadanos a la UE por encima del 65 por ciento.


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