LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Infancia robada

Una bicicleta azul tirada sobre un camino de tierra es testigo mudo de la operación. La niña, vivo retrato de una pequeña salvaje, olisquea a los policías. Lleva media vida encerrada en una finca de 6.000 metros cuadrados en Villar de Cañas, una pedanía conquense cercana a Tarancón, y apenas ha tenido contacto con el mundo exterior. Su hermanastro mayor, Santiago, tiene 11 años, está sin escolarizar y, aunque ha podido disfrutar sus primeros pasos en libertad, es un chico especial, diferente a los de su edad. Padece dificultades a la hora de relacionarse tras haber sido condenado a permanecer en esa enorme cárcel, donde los textos evangélicos y el constante lavado de cerebro de su madre le han marcado.
Los agentes llevan meses tras la pista de María Sevilla, presidenta de la asociación Infancia Libre, que está siendo investigada por sustracción de menores. La mujer, que ha acudido incluso al Congreso de los Diputados para defender los derechos de los niños, perdió la custodia de su hijo en 2017, pese a denunciar al padre de la criatura por unos abusos sexuales sobre el menor que la Justicia demostró que jamás existieron.
Desde entonces, emprende una huida desesperada con el crío, su nueva pareja y la hija de ambos por Andalucía, País Vasco y Levante, tratando de pasar desapercibidos. Sobre ella pesa una orden de busca y captura y algunos la sitúan fuera de España. Sin embargo, su castillo de naipes se derrumba a finales del mes de marzo, cuando, de madrugada, el pequeño Santiago es liberado poniendo punto y final a esos dos largos años de pesadilla. Hoy el niño, que al ser rescatado decía que su padre no le quería porque «Dios se lo había dicho», ha vuelto a recuperar la sonrisa al lado de su progenitor.
Daniel es periodista. Tras algo más de una década de convivencia, en 2011 se separa de la madre de su hija, que por aquel entonces cuenta con dos años. El divorcio resulta un tanto convulso. Al principio la relación es cordial. Ella se queda con la custodia y él acepta un régimen amplio de visitas, pero con el tiempo la exmujer le comunica que su hija ya no quiere ir con él y comienza a incumplir lo pactado.
Ahí se inicia un calvario que tiene su punto álgido cuando a Daniel le llaman del juzgado de guardia de Plaza de Castilla para personarse. ¿La razón? Ha sido denunciado por abusar sexualmente de su hija. El padre no puede creer lo que está pasando y cae al abismo de la depresión.
La mentira tiene las patas muy cortas y tanto el forense como el juez desestiman la acusación, al no apreciar que hubiese delito y al constatar que el discurso de la pequeña no coincide con el de la madre.
Cuando todo parece indicar que el mal sueño ha terminado, otra nueva denuncia por la misma causa vuelve a sacudir a Daniel. Archivo, recurso y cierre del caso. Psicólogos, sesiones e informes que concluyen que no hay delito, pero la rueda no se detiene. Se suceden procesos judiciales que se prolongan en el tiempo. La alineación parental es evidente. La situación se radicaliza y en octubre de 2017 la pequeña desaparece con su madre sin dejar rastro. El mismo modus operandi que María Sevilla; ambas integrantes de la asociación Infancia Libre, que hoy está en el punto de mira.
Treinta meses después, la Policía encuentra a la pequeña en La Cabrera. La madre, que no puede acercarse a su hija a menos de 500 metros, queda en libertad con cargos. El padre, Daniel, trata de recuperar a una cría que hoy tiene 10 años y que se siente culpable por todo lo que ha pasado. «Papá, yo mentía porque mamá me lo decía constantemente».
Estos dos casos aislados han conmocionado a una sociedad que, debido a los numerosos y vergonzantes sucesos de violencia de género, tiende a demonizar a los hombres, negándoles la presunción de inocencia, y que en ocasiones da la espalda a la realidad: hay madres que son capaces de todo, incluso de formular denuncias falsas, con tal de que sus exparejas pierdan el contacto con sus hijos, robándoles su presencia en una infancia que jamás volverán a recuperar. 
El conflicto entre Juana Rivas y el italiano Francesco Arcuri es un ejemplo más de esta sinrazón. La española, que ha sido condenada a cinco años de prisión por sustracción de menores, ha puesto esta semana una nueva denuncia a su exmarido -ocho anteriores ya han sido desestimadas- por supuestas agresiones a sus críos. Él ha mandado audios de los chavales al juzgado en el que indican que su madre los manipula.
La víctima real de estos casos es la infancia. Los niños que viven estas situaciones crecen rodeados de un entorno psicológicamente destructivo. Probablemente el sentimiento de culpabilidad les acompañará de por la vida. 


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Opinión

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