Tener el poder de comunicar

SPC
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El colectivo con discapacidad auditiva en Castilla y León reivindica mayor visibilidad, empleo y asistencia de profesionales de Lengua de Signos para cubrir sus necesidades del día a día

Tener el poder de comunicar - Foto: mir_ical

“Necesito tener el poder de comunicar y expresar con exactitud lo que siento en cada momento y solo cuando está junto a mí un interprete de Lengua de Signos lo tengo y desaparece cualquier miedo”. Quien así se manifiesta es Alfredo Jiménez, de 33 años y una de las 4.718 personas de Castilla y León que padecen discapacidad auditiva. Después de varios empleos de limpieza y tapicería, una lesión laboral y una jubilación parcial compatible con trabajos adaptados a su limitación física busca acomodo de nuevo en el mercado laboral.

Alfredo se une a Amaia Maortua, de 45 años, y Luis Alberto Redondo, de 59, también sordos de nacimiento, la primera colaboradora en distintos programas de la Federación de Asociaciones de Personas Sordas de Castilla y León (Fapscl), y el segundo presidente y gerente de esta organización. Todos ellos coinciden, con motivo de la celebración el 30 de septiembre del Día Mundial del colectivo al que representan, en la necesidad de obtener una mayor visibilidad, empleo y asistencia de intérpretes -en esta ocasión les acompañan Eva Herrera y Amaya Loureiro- para cubrir sus necesidades del día a día.

Amaia, licenciada en Pedagogía, diplomada en Educación Especial y máster de postgrado en Lengua de Signos, pone el dedo en la llaga en cuanto a las principales limitaciones que padecen las personas con sordera. “Falta un conocimiento real de lo que es la discapacidad auditiva a nivel de entidades públicas y privadas. Por ejemplo, cuando vas a la Junta de Castilla y León a realizar cualquier gestión o la hora de participar en una oposición, como en mi caso, incluso no se nos respeta por que el tribunal piensa que al padecer sordera no puedes ocupar una plaza de profesor ni comunicar bien. El ir con un intérprete significa que ya, de entrada, se me minusvalore”, se lamenta.

Para Alfredo, el principal inconveniente llega a la hora de encontrar un trabajo, ya que a pesar de que le llaman para hacer varias entrevistas es complicado que luego lo contraten. “Respeto que prefieran coger a otra persona antes que a mi, aunque es bastante frecuente. No oímos pero tenemos capacidad para ejercer ciertos puestos. Incluso rendimos más al centrarnos realmente en lo que tenemos que hacer y nos entretenemos menos que quienes oyen”, señala sin perder la sonrisa.

Luis Alberto agrega que desde que se despierta se siente “una persona libre” pese a su discapacidad, pero considera que el resto de quienes no la padecen tienen una información “que a los sordos se les escapa” al existir barreras comunicativas. “No solo para buscar trabajo, si no en la universidad u otras facetas, vamos con ilusión pero con la mochila que supone ver si realmente nos entienden. Cuando hay intérprete está bien y es nuestro altavoz. Si no es así nos invade la tristeza por que hay que esperar a que otros te ayuden o pasen los apuntes. La dificultad estriba a la hora de ponerse en el lugar del oyente cuando no hay posibilidad adaptativa para comunicarse”, expone.