'Bady' e 'Indi', los grandes motivadores

Ana Pilar Latorre
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La terapeuta ocupacional Patricia Hernández realiza actividades con sus dos labradores para distintos grupos de población, en centros de mayores, con enfermos de Parkinson y Alzheimer y con niños

‘Bady’ e ‘Indi’, los grandes motivadores - Foto: [[[[[[[[[[[[[[[Eugenio Gutierrez Martinez.; Eugeni

La terapeuta ocupacional Patricia Hernández junto a Bady, un perro de seis años, e Indi, una perrita de cuatro, ambos labradores, están en plena sesión con residentes del centro de mayores Fuente del Rey. Juegan un bingo con imágenes (piscina, tren, helicóptero...) y pelotas de peluche. El participante que tenga la imagen seleccionada tiene que coger la pelota antes de que lo haga alguno de los perros. Se les nota que lo pasan bien y que están a gusto en compañía de los animales, que están adiestrados para participar en esta terapia por la que apuesta el centro. Los animales saben donde están y ya conocen a los mayores, se mueven con cautela y se dejan acariciar. «Es una actividad que pedían tanto los residentes como las familias y, tras realizarla en una anterior etapa, la hemos recuperado desde noviembre una vez al mes también con Patricia», explica Tere Vera, terapeuta de Fuente del Rey. 
En la sesión hay una decena de mayores, más mujeres que hombres, y todos prestan gran atención a los juegos y al movimiento de los perros, para poder acariciarlos cuando pasan junto a ellos. «Pueden recordar cuando vivían en sus casas y tenían animales, algo que es muy relajante, sobre todo para los grandes dependientes. Además, en esta actividad entran en contacto con otros residentes y se genera dinámica entre ellos», añaden las profesionales. Destacan los beneficios en el aspecto funcional y psicomotriz, pero también para ejercitar las capacidades cognitivas, de la vida diaria e instrumentales.
Poco después se pasa al juego de los colores, en el que siguen disfrutando del juego con los dos perros, dirigidos por Patricia; y después, al de la portería, para intentar marcar gol a Bady e Indi, que se van turnando. «Al empezar la actividad les cuesta un poco más, por tener que movilizarse, pero al terminar no quieren marchar.Están contentos y relajados», comentan las terapeutas sobre los beneficios de poder actuar con los animales. Incluso ha habido algún caso en el que alguna persona ha vencido sus miedos, comprobando que son perros amaestrados dóciles. «Los residentes responden mejor a través de actividades y juegos», comentan. 
Un momento muy entrañable es la despedida, cuando Bady e Indi se ponen en el centro, tan a gusto, para recibir los arrumacos de los participantes. «¡Hasta otra vez!», les dice una  de las participantes con mucho cariño. Verles en acción, en compañía de los mayores, es toda una demostración de los beneficios de interactuar con animales, del cariño y la paz que pueden aportar estos dos perros. «Hay cosas que se les tienen que enseñar, pero otras las tienen innatas. Les sale, tienen otro sentido, saben cuando tienen que interactuar y cuando no...», comenta Patricia, destacando que «el perro es un motivador para la actividad que sea».
preparación. «Son muchas, pero que muchas horas de adiestramiento», explica Patricia Hernández, quien reconoce que hace unos años ni si quiera se planteaba si le gustaban o no los perros. «Un amigo me regaló a Bady y me planteé dedicarme a la terapia con animales, después de estudiar Terapia Ocupacional. Desdes entonces, no puedo vivir sin ellos. Trabajamos juntos y al mismo tiempo son dos más de la familia», añade. Su «pasión» siempre ha sido la terapia ocupacional y poderla completar con los animales ha sido «lo más», ya que permiten. La preparación es algo continuo, porque «es algo que se empieza pero que nunca se acaba». Ella se formó en la Asociación Española de Terapia con Animales (Aetana) y este año acaba de realizar un curso de entrenador de perrros de terapia en Narub, una escuela de Navalcarnero (Madrid). Además de a centros de mayores, también acude con los perros a la Asociación de Alzheimer y a la asociación Parkinson Soria. Por ejemplo, en ésta última comprueba que «los enfermos acariacian a los perros y no tiemblan porque no quieren haceles daño, ya que con las actividades voluntarias pueden controlarlos y reducirlos».
Patricia incide en el trabajo con niños de tres a 14 años que realiza en su local (equipado con instrumentos y juegos de gran colorido) para tratar distintas patologías. Son sesiones de actividades para avanzar en integración sensorial y estimulación de los sentidos, del movimiento o vestibular y propioceptivo. El juego, para esta terapeuta, es fundamental: «Todo lo hacemos jugando. «Conocer el cuerpo, mover el cuerpo en el espacio, subir escaleras y, sobre todo, jugar, porque muchos niños ahora no saben jugar como se ha hecho siempre, no se necesitan pantallas para divertirse», subraya.