Un viaje interior

Sandra de Pablo
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La expedición misionera soriana regresa de Perú donde han servido en un hogar con 100 niños. Ahora quieren ayudar desde Soria

Un viaje interior

La delegación de Osma-Soria que a principios de mes se fue a Perú a vivir una experiencia misionera ya está en casa. Atrás dejan un hogar lleno de afecto en el que han compartido momentos inolvidables. San Vicente de Cañete está a dos horas de viaje al sur de Lima, a 12 horas de vuelo desde España y allí, cada uno de los cinco integrantes del grupo ha puesto su granito de arena en lo que buenamente podía, fundamentalmente han repartido cariño.
El hogar de Nuestros Pequeños Hermanos en Perú es una finca con 8 casas en las que viven chicos y chicas, 100 chavales necesitados de mucho amor tras haber pasado por circunstancias extremadamente difíciles en su vida. La expedición soriana, según el sacerdote Rubén Tejedor, ha hecho lo que ha podido, «sobre todo quererles mucho, servirles mucho y ser lo más útiles que hemos podido donde nos han pedido». El grupo lo mismo estaba dando clases, que trabajando en la cocina, que celebrando la Eucaristía y ahora cuesta romper ese cordón, «cuesta no ligarte; afectivamente con los chavales, se ha creado un vínculo muy bonito pero nosotros sabíamos que teníamos billete de ida y vuelta, ahora tenemos que ser muy agradecidos por lo que hemos vivido estas tres semanas y ver qué podemos hacer desde aquí para ayudar a mejorar su calidad de vida». Tejedor recuerda que no han ido de turismo, «hemos ido en nombre de la iglesia de Osma  Soria porque fuimos enviados por nuestros obispo».
Carlos Hernández Pardo es de El Burgo, con 26 años llevaba tiempo queriendo vivir una experiencia misionera y fue él quien con Tejedor, fue dando forma a la aventura. No habían fijado destino pero de la mano del delegado de misiones y párroco de Ólvega, Alberto Cisneros, consideraron que la casa de Nuestros Pequeños Hermanos, NPH, en Perú era el lugar adecuado. NPH es una fundación ya conocida en Osma-Soria, trabajan fundamentalmente en América Latina para transformar la vida de niños y familias vulnerables a través de programas de educación, salud, y atención de calidad. En NPH no sueltan a los niños de la mano hasta que pueden hacer su vida de manera autónoma e incluso más allá de ese momento siguen pendientes de ellos y siendo su verdadera familia.
Un viaje interiorUn viaje interior - Foto: Durante las semanas que han permanecido en Perú, el grupo soriano ha logrado una gran comunión entre ellos atendiendo a los niños en lo que cada uno podía. Por ejemplo Carlos, que es peluquero, se ha ocupado de impartir un taller de peluquería entre los más mayores. Perpe Pérez Palacio, la veterana del grupo, ha dado clases de refuerzo en matemáticas pero ha arrimado el hombro también en la cocina, en los juegos y sobre todo repartiendo cariño a los pequeños. Con 18 años, María Pilar Avellaneda, ha entablado una buena relación con los chicos, cree que lo importante es que se sientan escuchados y pasar tiempo con ellos, para ella y como le dijo Rubén Tejedor «lo importante no es el hacer sino el estar». De las más jóvenes del grupo también es Judith que se queda con ganas de volver, sobre todo se ha dedicado a hablar con los chicos, a que ganaran confianza en sí mismos.
Todos quedan con ganas de volver, con ganas de seguir repartiendo abrazos y cariño entre unos niños fantásticos con los que apetece mucho estar. Ahora toca trabajar por ellos desde Soria, intentar lograr un nuevo grupo que viaje el año que viene y recaudar apoyo económico porque allí «no les falta de nada pero necesitan de todo», según Perpe Pérez para quien ese hogar es «como una burbuja» en mitad de país en vías de desarollo. Como dice Carlos, «he dejado un cachito de mi corazón con la familia de NPH».