Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


Va de propuestas, no de lenguas afiladas

La cuenta atrás para las elecciones generales llega hoy a su fin, aunque en realidad solo supone un punto y seguido en el permanente estado de precampaña en el que vive instalada nuestra clase política. El 28-A cierra una carrera, la que nos ha de llevar a la investidura de un presidente para España, pero abre la que tendrá como misión la renovación de todas las corporaciones locales y autonómicas, el 26 de mayo; también aportaremos ese día nuestro granito para actualizar la nómina de diputados en el Parlamento Europeo, esa institución supranacional que nos marca el rumbo de casi todo y a la que en casi cuatro horas de debate (en dos días) no dedicaron ni una frase cuatro de los presidenciables de España que hoy se miden en las urnas. Cierto es que por tipo de convocatoria electoral no tocaba, pero resulta muy difícil presentar un proyecto para España sin hablar de Europa. 
La etapa preelectoral que hoy se cierra, lejos de servir para generar ilusión ha extendido incertidumbre por todos los rincones del país. Una vez celebrados los debates entre los candidatos se entiende de sobra lo reacio que Pedro Sánchez había sido a participar en ellos. Sin embargo, tampoco parecen existir muchas razones para que el resto de adversarios –unos más que otros– estuvieran encantados de participar visto lo que dieron de sí. Todos ofrecieron un nivel decepcionante. Con este antecedente, uno cruza los dedos al pensar en los dos debates que celebrarán los candidatos a gobernar la Junta. Si nadie pone palos en la rueda, serán los días 14 y 21 de mayo, primeros en más de treinta años tras el ‘simulacro’ de 1995 entre el entonces presidente, Juan José Lucas, jesús Quijano (PSOE) y Antonio Herreros (IU), en un formato rígido que fue cualquier cosa menos un debate. Seremos testigos de la capacidad de los aspirantes para confrontar sobre los problemas más cercanos, los del día a día de nuestros pueblos y ciudades. En más de treinta años de Comunidad, ningún presidente de Castilla y León había accedido a debatir abiertamente en campaña con los demás candidatos. 
No deja de ser una auténtica anomalía que lo vayan a hacer a partir de verse obligados por una ley, que tuvo que tramitarse en las Cortes en la Legislatura recién agotada para intentar demostrar que habían entendido el mensaje ciudadano del 15-M (2011), aquel que exigía regeneración política. ¿Dónde quedaban las convicciones democráticas innatas? Hasta ahora, por detrás de los intereses partidistas. Sea como fuere, lo cierto es que asistiremos por primera vez a un debate de aspirantes que se juegan mucho. Y a priori, me atrevo a pronosticar que tendrán más nivel que los protagonizados por Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias. En honor a la verdad, el listón no está demasiado alto. Solo una exigencia, que no sugerencia: que nos aseguren limpieza y buenos modos, que es muy compatible con la contundencia de los mensajes. Si sólo va a ser una competición por quién tiene la lengua más afilada, que se lo ahorren. O, mejor, que nos lo ahorren. Para bochorno, nos basta lo visto esta semana. 


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