DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Un país de costumbres

16/09/2020

No nos engañemos, somos un país de costumbres y nuestra cultura nos empuja al jolgorio. Nos dijeron a principios de julio, Sánchez incluido, que esto estaba superado y que, incluso, íbamos a salir reforzados que media España se deslizó hacia la calle por el tobogán de la desescalada y nos apresuramos a echar las campanas al vuelo, pensando que el calor del verano ya se encargaba de anular el maldito virus. Pero no. Aquí estamos en medio del mes de septiembre con una tendencia alcista en contagios que hacen presagiar los peores momentos vividos a principios de marzo, justo en vísperas de decretarse el estado de alarma. Sólo hace falta hablar un minuto con el personal sanitario que está al frente de las UVI para darse cuenta de que la tensión hospitalaria está nuevamente al acecho y que sólo la experiencia adquirida en estos meses por los sanitarios y la dotación de material acumulado impedirá el peor escenario.

Es cierto que el perfil del enfermo por coronavirus es el de una persona más joven, pero no por ello el impacto y el riesgo son menores. Y como siempre, hemos pensado que la salud es cosa de otros, hasta el punto de que nos hemos creído que sentarse en una terraza sin mascarilla para beber y comer es como un salvoconducto contra la pandemia. ¡Toma, tú! Por eso, como decía, la cultura del país ha prevalecido en estos meses de estío sobre el fiel cumplimiento de las medidas de prevención hasta situarnos como el peor de Europa en el control de la pandemia.

La concienciación es una especie de ola que va y viene a golpe de noticia de telediario. Por no hablar de la irresponsabilidad que supone no planificar como Dios manda la vuelta al colegio hasta casi unas horas antes de arrancar el calendario escolar. Otra muestra más de la innegable falta de anticipación por parte de las autoridades. Y no me refiero a las comunidades autónomas, a las que se las ha dicho literalmente compóntelas como puedas y no se las ha provisto de las herramientas jurídicas para amparar sus acuerdos.

Es lo que tiene esta España nuestra, muy dada a poner en cuarentena la rápida toma de decisiones y a perder el tiempo en estériles disputas de índole política. 



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