TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Pactos

No ha mucho tiempo, Alfonso Fernández Mañueco, líder del PP regional y aspirante a presidir la Junta, no se cansaba de exigir que gobernara la lista más votada. Incluso ofreció un acuerdo, firmado y todo, a los demás partidos para que cumplieran ese sacrosanto compromiso. Pero vinieron las elecciones andaluzas, pasó lo que pasó y el denostado “pacto de perdedores” se convirtió en santo y seña del cambio. Tanto que don Alfonso aspira a reeditarlo en Castilla y León, según insinuó (o algo más que insinuar) el domingo. Mas aquí hablar de cambio con él, y el PP, en la presidencia del Ejecutivo suena muy raro. Sin embargo, ahí queda la oferta para que Ciudadanos recoja el guante. Igea no parece estar por la labor, sobre todo cuando insiste en la necesidad de “regeneración y reformas”. Hará valer sus 13 escaños y quizás le pregunte a Mañueco cómo aspira a gobernar después de perder 13 procuradores y “lograr” los peores resultados del PP (antes AP-PDP-UL) desde que comenzó la andadura autonómica. Claro que el líder conservador dio por buenos sus datos- “hemos aguantado muy bien la bajada generalizada en España”- a pesar del varapalo regional y de que puede perder alcaldías de capital y diputaciones. El PSOE ganó con claridad (35 procuradores frente a 29 del PP), pero no tiene asegurado el gobierno. ¿Tendrá el apoyo de Ciudadanos?, ¿se abstendrán los de Igea para que gobierne, ¡oh hallazgo!, la lista más votada o elevaremos a los altares lo del “pacto de perdedores”? Veremos. Mientras tanto, dos de los más activos en la oposición, Pablo Fernández y José Sarrión, se quedan fuera del Parlamento. Han pagado errores ajenos, ¿verdad Pablo Iglesias?, ¿verdad sempiterna desunión de la izquierda?

Y un recordatorio para jóvenes y desmemoriados. Una situación parecida a esta se dio en 1987. Entonces, José María Aznar hizo un pacto tácito con el CDS, que tenía 17 escaños: abstención y apoyos puntuales a cambio de la Presidencia de las Cortes. Pocos años más tarde, Aznar era presidente del Gobierno español y el CDS había desaparecido. Seguro que Igea sí sabe de lo que hablo. Creo que Albert Rivera, no.


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