SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Verano Azul

Confieso que yo no soy de ver series. Como está tan de moda engancharse a alguna, me pierdo en las conversaciones de los que sí lo están a varias de los cientos de series que ahora se pueden ver del tirón. Me asombra cuando dicen que se han tragado cuatro capítulos seguidos que traducido a tiempo puede ser como cinco horas de sillón. Porque ninguno los ve de pie o pedaleando en una bici estática o andando en una cinta. Tampoco he oído a ningún aficionado a las series que se empache de los capítulos sentado en una silla. Y aunque no estoy enganchada a ninguna, ni intención tengo de estarlo, llevo unos días viendo con  mi hijo Verano Azul. No se rían. Tiene quince años, como algunos de los protagonistas, y se troncha con el vocabulario que utilizan y sus maneras de divertirse. Le hace gracia la moda ochentera y sobre todo, que tengan que irse a buscar a casa para bajar a la playa, porque no tienen móviles. A pesar de los treinta años transcurridos desde que se rodara Verano Azul, las relaciones humanas no han cambiado tanto. Mucho machismo: chicos que pelean literalmente por la guapa mientras la feílla no se come una rosca. Se da por hecho que ellos tienen todas las opciones, sean como sean. Los adolescentes que fuman a escondidas. La diferencia generacional entre padres e hijos. Los pequeños que quieren ser mayores persiguiendo a los adolescentes de la pandilla. Hay cosas que nunca cambiarán, aunque pasen siglos. Parece que hemos cambiado mucho, pero en el fondo, los seres humanos tenemos siempre las mismas preocupaciones, los mismos retos, las mismas inquietudes y las mismas necesidades.
Es una serie blanca, sin duda, pero se abordan algunos temas que aún hoy siguen estando vigentes: la especulación urbanística resumida en ese clásico y coreado, «del barco de Chanquete, no nos moverán». Aún no he visto el último capítulo, a estas alturas no voy a hacer spoiler, pero creo recordar que cuando muere el viejo marinero, se llevan la Dorada para construir los apartamentos u hoteles o lo que sea.  Si esa circunstancia se diera ahora, se hubieran llevado el barco con Chanquete dentro sin ningún escrúpulo. Aparecen muchos más temas vigentes: la contaminación, la sexualidad, la maternidad en solitario, las religiones, los falsos ídolos. ¿Cómo sería un Verano azul en Soria en 2019? La Dorada estaría en el Soto Playa. El Chanquete soriano tendría que llamarse Truchete. Los chicos irían a bañarse al Peñón y con sus móviles convocarían a través de las redes al personal para hacer una quedada en la Plaza Mayor pidiendo que añadan un día más a San Juan porque con cinco se quedan cortos. Una pintora soriana, con una guitarrilla, encabezaría el grupo cantando: «si no nos dan más fiestas, no nos moverán».