ESCAÑO CERO

Julia Navarro

Periodista y escritora


Juego de engaños

¿Qué está negociando Pedro Sánchez con Ezquerra Republicana? ¿Hasta dónde será capaz de llegar con tal de obtener el visto bueno de Junqueras y los suyos?

¿Es que a Sánchez no le importan las declaraciones henchidas de soberbia de los líderes de Ezquerra que presenten la negociación como un triunfo para ellos porque les desbroza el camino que han emprendido hacia la independencia?

En Ezquerra no engañan a nadie. Tienen clara la hoja de ruta cuya última parada es la independencia, de manera que el acuerdo con el PSOE pasa por dar pasos en esa dirección.

Mientras tanto desde el PP conminan a Pedro Sánchez a que negocie con "luz y taquígrafos" con Ezquerra al tiempo que le afean que esté negociando con este partido independentista.

Es un brindis al sol porque la realidad es que Pablo Casado, al que le falta madurar como líder, tiene miedo de dar un paso al frente y ofrecer su abstención a Pedro Sánchez para que este pueda gobernar sin hipotecas con Ezquerra y los otros partidos independentistas de la Cámara.

El argumento que esgrime Casado es que si el PP se abstiene en la sesión de investidura no estará cumpliendo con su papel de oposición. La excusa es tan endeble que se cae por sí sola.

Claro que Pedro Sánchez tampoco parece querer de verdad, de verdad, la abstención del PP. En realidad esa posibilidad la desechó la misma noche de las elecciones en la que, en mi opinión, se precipitó, entregándose a Podemos.

A Sánchez le debió entrar pánico escénico y decidió desdecirse de todo lo que había dicho en campaña y convertir a Podemos en sus pares.

Además, es evidente que desde que han comenzado las negociaciones con Ezquerra el PSOE está haciendo concesiones a este grupo, concesiones de las que se jactan los propios hombres de Junqueras. Evidentemente si Pedro Sánchez no cede a las peticiones de Ezquerra este grupo no le dará ni los buenos días. Sin embargo Sánchez ni se inmuta al exigir tanto al PP como a Ciudadanos que se abstengan gratis total. Es decir sin plantear siquiera unos acuerdos mínimos.

Por su parte en Ciudadanos parecen haberse dado cuenta de los errores cometidos y ahora intentan enmendarlos. Más vale tarde que nunca, pero el caso es que a veces la tardanza ciega puertas.

Inés Arrimadas pide al PP que se abstenga y al tiempo está dispuesta a apoyar a Sánchez siempre que este, claro está rompa sus negociaciones con los independentistas catalanes.

Yo diría que por primera vez en mucho tiempo Ciudadanos está haciendo lo que debe de hacer. La pena es que se les ha pasado el arroz.

Pero mientras Sánchez y Casado se dedican a maniobras de distracción para que parezca que si no llegan a acuerdos es por culpa del otro, se camina irremediablemente hacia una solución que seguramente no es la preferida por la inmensa mayoría de la sociedad.

Porque sin duda que Pedro Sánchez tiene que hablar con los grupos independentistas, le entra en el sueldo, pero hablar no significa cerrar un acuerdo de gobierno y pagar una hipoteca por ese acuerdo. Sobre todo porque tanto Ezquerra como Junts per Catalunya han puesto en jaque la convivencia en Cataluña, se han dedicado a denostar la democracia española, han perpetrado un golpe contra la Constitución, se han saltado todas las leyes y se siguen burlando del Tribunal Constitucional. De manera que hay que tener muchas tragaderas, y al parecer el Presidente quiere que los ciudadanos tengamos tanto como las suyas, para que parezca normal que ahora llegue a acuerdos de gobierno con Ezquerra.

Pedro Sánchez se equivocó la noche del 10 de noviembre al cerrar todas las puertas para buscar una salida que no fuera únicamente la de pactar con Podemos y con Ezquerra. Esa noche su pánico escénico le jugó una mala pasada (su rostro era de desolación). Y ahora como él solito se metió en una ratonera no encuentra otra solución que la de seguir en ella. Y Pablo Casado juega a lo mismo, a que Sánchez no salga de esa ratonera para ver si fracasa y ese fracaso termina dándole réditos a él.

En fin que a lo que estamos asistiendo estos días es un juego de engaños en el que ambos líderes intentan salir más favorecido que el otro en la foto sin importarles el precio a pagar, un precio que pagaremos los ciudadanos mal que nos pese.

 



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