La doble cara de Greta

M. Puras (SPC)
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La joven activista sueca más famosa del mundo no escapa del foco de la sospecha sobre la financiación de su rebelión ecológica

La doble cara de Greta - Foto: VALERIE BLUM

Ha emprendido una lucha contra el deterioro del ecosistema terrestre. Se ha convertido en el emblema del compromiso medioambiental. Y se lo ha tomado en serio. Miles de jóvenes de todo el mundo siguen ahora su estela y están animados a formar parte del cambio. 
Su principal virtud es saber decir: ¡Basta! Basta de pereza negociadora en las cumbres, basta de Gobiernos que no se esfuerzan por reducir sus emisiones de carbono, basta de la apatía ciudadana y, sobre todo, basta de negar que cada vez nos aproximamos más al abismo. Las señales de alarma son crecientes y dramáticas. Estamos llamando a la catástrofe. 
Se llama Greta Thunberg, tiene 16 años y es sueca. Se ha convertido en la voz de la conciencia de unas generaciones adultas incapaces de gestionar el presente sin dejar una herencia que galopa a pasos agigantados hacia la destrucción. Todo empezó con un año menos cuando dejó de ir a clase los viernes y se manifestó ante el Parlamento en Estocolmo para denunciar que los habitantes del planeta no se percataban del cambio climático. Su contundente intervención en el Foro de Davos hizo prender la llama de la protesta en la comunidad estudiantil en miles de institutos y colegios de secundaria de todo el mundo que se aunaron al movimiento Fridays For Future (Viernes por el futuro) y condujo a la masiva huelga global del pasado 15 de marzo. 
La madurez de esta joven que lidera este movimiento contrasta con la frivolidad con la que niegan o minimizan el desastre ecológico dirigentes de las mayores potencias del mundo. Asistió a la cumbre de Davos, ocupó la tribuna de oradores en el Congreso de Estados Unidos y en la Asamblea de la ONU, se ha reunido con Obama y con Macron y ha cruzado el Atlántico a bordo de un velero para participar en la reciente cumbre de la ONU. Está nominada al Nobel de la Paz y padece el síndrome de Asperger, una especie de autismo. 
Todas sus iniciativas llevan a hacerse seguidores y detractores. Ahora a la sueca le acorralan por su exagerado activismo a su corta edad. Pero lo que parecía tan casual y espontáneo genera hoy dudas. Es la otra cara de Greta: desde los lobbies de energías renovables hasta el libro que su madre, Malena Ernman (cantante de ópera que representó a su país en Eurovisión) vegana repentina, puso a la venta en tan solo una semana y que entrelíneas delata los intereses corporativos que se esconden tras el fenómeno de Greta. Además, ahora su viaje libre de gases nocivos fue a bordo de una embarcación real monegasca, el Malizia II. 
Muchos se preguntan si la joven ecologista ha sido una marioneta en una campaña orquestada por una red de multinacionales ecológicas lideradas por el magnate sueco Ingmar Rentzhog y otros nombres notables que planean detrás de la otra cara de la joven activista.


Por el futuro

La generación de Greta, por otro lado, ha dado en el clavo al definir a los adultos que gobiernan como niños malcriados incapaces de asumir las consecuencias de sus decisiones; unos políticos atrapados en el presente, más preocupados por las citas electorales que por el futuro de sus hijos y nietos. Denuncian que una agenda política marcada por la inmediatez impide tomar las medidas que deben garantizar que el planeta no se convierta en un lugar hostil en el que vivir. Los jóvenes no solo interpelan a las autoridades sino también a la responsabilidad individual. El futuro no solo debe eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también evitar el consumo innecesario, comer solo la carne imprescindible, dejar de usar envases desechables, desplazarse en transporte público, reciclar ropa... 
Si este movimiento ha prendido a lo largo y ancho del planeta, quizás pronto pueda darse un respiro.