CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


El juego de la silla

La ‘nueva política’ mantiene en estado de convulsión la actualidad cotidiana de un país que no termina de encontrar la estabilidad deseada tras las repetidas llamadas a pasar por las urnas que tampoco ha clarificado el panorama. Se puede decir sin ambages que España vive cómoda en el conflicto, lejos de la articulación de medidas necesarias que no se adoptan por una ausencia de gobierno estable y con el despliegue, en campaña, de proyectos programáticos que caen en saco roto y fenecen antes de ponerse en marcha. Es tiempo, por lo visto, de procurarse sillones para situarse en la primera línea de salida ante unos hipotéticos nuevos comicios, en el contexto actual piensen lo imposible y sucederá. Quedan aparcados temas como la reforma de las pensiones, la sanidad, la educación, la lucha contra la violencia de género, apuntalar la economía;  solo se aborda de manera ficticia el conflicto catalán, utilizado como arma arrojadiza. No hace falta ser un lince para constatar que va a ser casi imposible que el país retome el pulso cotidiano, sin rencores, en un escenario en el que los perdedores aspiran a tener los privilegios de los que vencieron en las urnas y en el que estos últimos esquivan el diálogo. Estamos lejos de practicar una democracia plena donde, despojados de algunos de nuestros principios, arrimemos el hombro por el bien común.
La realidad, que por momentos supera a la ficción, no deja de sorprendernos con planteamientos impensables hace no tanto tiempo. Se han roto muchos corsés de forma muy interesada y poco sonrojo. Todavía estábamos tildando de disparate la propuesta turnista de Villacís a Almeida en Madrid, que no ha fructificado, cuando la práctica se ha popularizado por todo el territorio nacional. Una experiencia más propia de la época de la Restauración protagonizada a finales del XIX por el Partido Liberal-Conservador de Cánovas y el Liberal-Fusionista de Sagasta. También entonces se desvirtuaba la democracia mediante acuerdos y pactos caciquiles amparados en la necesidad de aportar estabilidad ante una situación política agitada. Cualquier excusa en buena para justificar el hurto de la voluntad expresada por el pueblo en las urnas y es una incógnita cómo discurrirá el la alternancia en el poder entre una clase política bisoña que pretende correr sin haber echado a andar. Trasladando el giro turnista que ya les adelantó El Día de Soria en su versión digital a nuestra provincia, hay que frotarse los ojos ante el escenario que se presenta en El Burgo de Osma con ese pacto inédito entre PSOE y PP (aquí se habla más de colaboración durante la legislatura que de alternancia) que ha dejado a los propios ‘populares’ atónitos y a De Gregorio, su líder, en la cuerda floja, haciendo funambulismo y asumiendo las exigencias de José Antonio Miguel que no la quiere en las negociaciones para sellar un acuerdo en la Diputación después de la pérdida de la Alcaldía de El Burgo y de que el PP allanara el camino a los socialistas en San Leonardo de Yagüe. De darse esa reconciliación interesada en forma de matrimonio de conveniencia entre PP y PPSO, Ciudadanos se convierte en un actor clave para sellar el último clavo en el ataúd al mandato de Luis Rey en Diputación; con la formación naranja de por medio y dada su volatilidad, cualquier desenlace es posible.
La fórmula turnista, que se resume en utilizar las administraciones para los intereses partidistas de cada cual, contraviene esa búsqueda necesaria de la estabilidad institucional porque en el mejor de los casos en el ecuador de la legislatura se va a producir un trance con el traspaso de poderes convertido en un volver a empezar. Allá donde exista la alternancia pactada para repartirse el ejercicio del poder, el tacticismo tan presente en nuestros días se va a llevar al extremo, quién sabe si adelantando proyectos innecesarios o torpedeando a la corporación entrante que, a su vez, tratará de atenuar los favores de la herencia recibida. En el caso de El Burgo de Osma, más que contar las personas, a las que se antepone en la política municipal cada vez de forma más falaz, han contado los personalismos, cuestión bien diferente. Una idéntica situación se vivirá en Langa de Duero. Ciudadanos ostentará durante los dos primeros años el bastón de mando para cedérselo en la recta final de la legislatura al PSOE de Rosa Pérez. Socialistas y naranjas dieron el golpe a la lista ganadora, del PP, pactando un gobierno de alternancia. Como muestra de la altura política de la que hacen gala los ediles de Langa, un botón: el pacto ha fructificado merced a un ejercicio de revanchismo político. Fue hace 32 años cuando el actual candidato del PP Fernando Martín dio la mayoría a Constantino de Pablo, entonces en el CDS, un alcalde que se ha perpetuado hasta el momento actual de su retirada. Entonces había ganado un PSOE en minoría que se quedó sin Alcaldía. Más de tres décadas después, los socialistas se cobran su particular venganza en una vendetta que cuestiona la capacidad de algunos de mirar al futuro mientras viven presos de agravios del pasado. 
Estas son las secuelas de unas elecciones, convertidas en un juego de intrigas, en un escenario más propio de un Sálvame que mantiene a la audiencia entretenida esperando el desenlace del juego de la silla, una situación que no tardará en pasar factura a un país entregado a las miserias de la política espectáculo.