TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Lavado de cara

La ascensión y consagración de ciertos líderes, su mantenimiento en el poder a pesar de mil cuitas pendientes y actividades poco higiénicas (si no directamente ilegales), sus niveles de popularidad a pesar de que la hemeroteca los sitúan como tipos y tipas potencialmente peligrosos, racistas, agresivos, xenófobos, delicuentes, etcétera… Todo esto certifica que hoy por hoy el pasado no importa. Aunque suene a teoría conspirativa y paranoia para los del gorro de papel de aluminio, está probado que tanto en la votación del Brexit como en la campaña de Donald Trump (por citar sólo dos ejemplos bien conocidos) se usaron sistemas de intoxicación informativa con un objetivo: demonizar al 'otro'. Mensajes claros, contundentes, en los que los votantes elegían finalmente la opción «menos mala». De paso, en el bombardeo de mails y memes, de 'tuits' y 'posts', la imagen de aquel líder de las primeras líneas se veía lavada. Y el monstruo ya no parecía tan monstruoso…

Si se consigue algo así de una forma extrañamente sencilla para algo tan trascendente como la política y el nuevo orden mundial, ¿cómo no va a lograrse con algo tan trivial como el maldito fútbol? Este mismo año, el mismo Antoine Griezmann que «se rió» del Barcelona (entrecomillado suscrito por un porcentaje nada desdeñable del Camp Nou) viste de azulgrana y la maquinaria culé ya ha obrado el milagro del medio perdón: el otro medio se confirmará en la primera virguería sellada con gol. Y puede que Neymar aterrice en el Bernabéu, donde se ovacionaban y justificaban las patadas criminales que le daban al muchacho cuando jugaba de azulgrana. "Un 60 por ciento de la afición no le quiere vistiendo de blanco", rezaba el titular ayer. Ya. Seguro. Dame un ordenador, un par de fotos y siéntate a mirar cómo mengua el porcentaje. Pura propaganda.


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