COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El partido travieso

A las negociaciones políticas hay que llegar llorado de casa para no dar imagen de debilidad, pero sobre todo hay que llegar aprendido y que quienes las lleven a cabo sepan de lo que se habla, y dar por hecho que quien se sienta enfrente tratará de utilizar ardides para acabar con una posición de ventaja. Hablar de concejalías de gobierno como sinónimo de no contar con presencia en los ejecutivos de los ayuntamientos es una artimaña que se agota en si misma en el momento en el que no se cumple el espíritu del pacto, lo que ha motivado el enfado de Vox que lo interpreta como un engaño que ha dado lugar a que rechace el pacto con el PP en aquellos consistorios en los que no cuenta con concejales al mando de áreas de gobierno.  En ese sentido es de apreciar la actitud que tomó Ciudadanos de no entrar en labores de gobierno y dedicarse a aprender teoría y práctica política durante la pasada legislatura desde la oposición.

No es menos cierto que Vox ha aprendido rápido y que tras el pacto a la andaluza ha decidido hacer valer sus escaños para arañar parcelas de poder a pesar de Ciudadanos. Porque esa es la madre del cordero, cómo se cierra el círculo de los pactos a tres tomados dos a dos. Por lo pronto Vox ha decidido lanzar un nuevo órdago, que habrá que ver si lo sostiene porque enseguida se arruga ante la evidencia de que sus votos, si no van a conformar gobiernos de las tres derechas, facilitarían el acceso al poder de partidos de izquierdas y evitar esa posibilidad es su leit motiv.  

No obstante, Vox quiere poner en el brete a Ciudadanos y que se retrate. Tras unos día en los que parecía que se había civilizado y había dejado de hablar de aquellas políticas que le sitúan como un partido de extrema derecha clásico ha bastado la sentencia sobre La Manada para que sus terminales nerviosas comiencen a vibrar y, para reponerse del engaño que ha sufrido, ha subido la apuesta en la negociación de la presidencia de la Comunidad de Madrid, con la exigencia de la firma del pacto a tres –con PP y Ciudadanos-, en el que quiere plasmar las líneas maestras de su programa político, actuar sobre la inmigración ilegal en todos sus frentes, desde la identificación a la expulsión de adultos y menores, su frivolización de la violencia de género, los ataques y el desprecio al colectivo LGTB, el neoliberalismo a ultranza, el regusto franquista que informa muchas de sus propuestas, y con algún rasgo de populismo antisistema.

El partido se juega ahora entre uno constitucionalista con vocación de gobierno del que no se puede dudar de que defiende las libertades, Ciudadanos, y otro partido que realiza una lectura restrictiva de la Constitución y de los derechos logrados a lo largo de los últimos 40 años. "No habrá un Gobierno bajo esas condiciones. Mis principios y los de mi partido están por encima de un Gobierno", ha dicho el líder de Ciudadanos en Madrid, Ignacio Aguado, llamado a ser el vicepresidente madrileño. Pero tal y como está planteado, con el PP de árbitro interesado, el enfrentamiento no puede acabar en tablas y tarde o temprano se tendrá la foto del acuerdo, que puede ser una reedición de la de Colón que es la que busca Vox, o al estilo andaluz, en la que están todos pero difuminados, que quiere Albert Rivera.


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