CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Lo que está pasando ahí fuera

Imposible adivinar el futuro, porque lo que pasa ahí fuera es que todos los responsables políticos envían mensajes subliminales a un lado y a otro para tantear al adversario, provocar reacciones que permitan averiguar qué les pasa por la cabeza y tantear cual es el grado de disposición de sus posibles socios a pactar de verdad o cuándo se marcan faroles.

Filtrar desde Moncloa que Sánchez no teme unas nuevas elecciones y comentar Pablo Iglesias que el acuerdo con los socialistas está más próximo de lo que parece ha sido todo uno. Como ha sido significativo también que la número dos de Podemos, Irene Montero, haya salido a echar una mano a su marido declarando que Sánchez le había explicado a Iglesias su preferencia por un pacto con la derecha. Con Ciudadanos, se entiende, aunque ya contamos hace días que algo se ha movido entre PSOE y PP; pero no ha cuajado, probablemente porque se hizo al margen de Pablo Casado.

Se comprende que Sánchez prefiera Ciudadanos a Podemos, con Rivera tendría la mayoría necesaria para gobernar y además no se sonrojaría ante sus colegas europeos por aliarse con un partido populista de extrema izquierda. El problema es que Rivera no está por la labor, pero como siga recibiendo zascas de dirigentes de su partido porque prefieren que se acerque a Sánchez en lugar de bailar el agua a Pablo Casado, a lo mejor Rivera cambia de criterio en el último momento.

Porque, mal que le pese a Rivera, Iglesias y a Casado, y a pesar de que la mayoría parlamentaria socialista es excesivamente minoritaria, los tres dirigentes de la oposición saben perfectamente que si Sánchez convoca nuevas elecciones se encuentra en mejor situación que ellos. Al menos, mejor que un Iglesias que está perdiendo votos día a día, sobre todo con su actitud pedigüeña y, desde luego mejor que un Rivera que, una vez más, se encuentra en la posición que más perjudica a un político: que sus votantes no saben qué quiere exactamente, con quién se puede casar o con qué partidos nunca gobernaría.

Casado se mantiene en un plato discreto, observando las jugadas de los demás sin pillarse los dedos con declaraciones drásticas que con frecuencia los políticos tienen que tragarse para lograr sus objetivos. Sánchez por su parte lanza mensajes que tienen una única finalidad: insinuar a Rivera que la mejor salida para Ciudadanos sería apostar por el centro izquierda porque sacaría rédito de haber impedido así un gobierno apoyado - y condicionado- por Podemos, independentistas y Bildu.

La semana que viene se conocerá la fecha de la investidura sin que se sepa ciencia cierta si Sánchez está en condiciones de ganarla. Lo que significa que, hasta ese día, las negociaciones y las noticias relacionadas con las negociaciones, serán de infarto. Ni el propio Sánchez sabe qué le depara el destino… aunque trabaja para que le sea favorable.