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15 años después del Gordo "la vida sigue igual" en Rebollo

Sonia Almoguera
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Rebollo de Duero recuerda con mucho cariño cuando todos sus habitantes ganaron el premio Gordo

22-D 15 años después de 'El Gordo' en Rebollo

El silencio sólo es interrumpido por los ladridos de varios perros a lo lejos y algunos pájaros. La calle de la Matilla, la plaza Mayor y sus vías aledañas están 'desiertas'. Un gato gris sale al encuentro y parece actuar como el 'cicerone' de la localidad. En el balcón de una casa ondea la bandera de Soria ¡Ya!, pero no parece haber nadie en el pueblo. En el tablón de anuncios del bar y centro social, entre las últimas convocatorias de la junta general ordinaria de la comunidad de regantes del canal de Almazán, es inevitable no fijarse en un cartel algo descolorido por el sol: «¿Y si cae aquí el Gordo de Navidad?»… Pues la verdad es que cayó, sí. Hace 15 años. Todos los vecinos de Rebollo de Duero resultaron agraciados, pero la vida, aseguran los pocos habitantes que se encuentran actualmente en el pueblo, cambió poco. Esos 300.000 euros al décimo del año 2006 les solucionaron la vida, pero no a lo loco. Se arreglaron casas en el pueblo, se compraron coches, se renovó maquinaria agrícola, sector que sigue siendo el principal sustento de la localidad, pero poco más, comenta Álvaro. 

Él tenía entonces 24 años y, aunque no fue agraciado de forma directa, celebró el Gordo de Navidad como el que más: «Le tocó a mis padres y a mi abuela», recuerda. «Fue a primera hora. Yo estaba trabajando y mi madre me llamó: ¡Que había tocado!», rememora. Aquel día, Rebollo de Duero fue una fiesta. En realidad, toda aquella Navidad lo fue en esta pequeña pedanía perteneciente a Velamazán. El bar fue el centro neurálgico de la celebración ese 22 de diciembre de 2006. Llegaron «cientos de periodistas», rememora Álvaro. Entre ellos, una joven Marisa Rodríguez-Palop, actual presentadora de Informe Semanal en Televisión Española. «Guapísima», sentencia Álvaro, otro Álvaro, «en Rebollo somos siete», comenta con sentido del humor. Aunque lo verdaderamente singular fue que, meses después, recalaron en la localidad dos periodistas japonesas para hacer un reportaje de la lotería. Llegaron un poco tarde, eso sí. «Los girasoles ya estaban en flor», detalla con mucho sentido del humor este habitante de la localidad que también fue tocado en aquella ocasión por la diosa Fortuna. 

El número 20.297 unió Rebollo de Duero con Almazán, donde se compraron los décimos premiados, Berlanga de Duero y Medinaceli, donde recalaron igualmente algunos, pero también con Vitoria, Benidorm, Valencia, Fuenlabrada, o Santiponce (Sevilla), localidades  todas ellas agraciadas con el primer premio de la Lotería Nacional. Y todo gracias a Octavio, uno de los vecinos de Rebollo, trabajador en Almazán, que fue el encargado de elegir aquellas cinco cifras que cantaron, muy de mañana los niños de San Ildefonso. A día de hoy, Octavio sigue ocupándose de elegir el número que juega Rebollo al Gordo de Navidad. Porque siguen participando, pero, de momento, comenta con humor Álvaro, no ha vuelto a tocar. Pero el agradecimiento de todo el pueblo es total. Y no sólo por el Gordo de Navidad, sino porque Octavio es uno de los vecinos más activos e implicados de Rebollo. Él es, junto a Álvaro, uno de los encargados de instalar la iluminación navideña, «de verdad que esto de noche parece todo un Belén», subraya éste entusiasmado, así como también de la organización de la Cabalgata de Reyes, una de las fiestas más singulares de la localidad que comenzó a celebrarse hace más de 40 años con un burro. «Octavio es un tío grande», confiesa Álvaro. Tanto, insiste, que a una joven latinoamericana que trabajaba en el pueblo, y que no llevaba décimo, le regaló uno. Eso sí, la chica se marchó y no ha vuelto «ni a agradecerlo», comenta. 

El próximo año, como en 2021 a causa del COVID-19, sin embargo, no podrá celebrarse la tradicional Cabalgata de Reyes. Estas Navidades, destacan en Rebollo, nada tienen que ver con las de 2006, aquellas cargadas de la alegría y la euforia del Gordo de la Lotería Nacional. 

la vida sigue igual. De hecho, 15 años después, la situación es bien distinta a aquel feliz 22 de diciembre. Algunos de los vecinos de mayor edad de Rebollo de Duero ya no están. Y en concreto, el 22 de diciembre de 2021 es singularmente triste. «Tenemos un entierro», lamenta Álvaro. En realidad, insiste, el Gordo de Navidad fue una cosa «muy bonita», pero al final, como decía aquella popular canción de Julio Iglesias: «La vida sigue igual», apunta Álvaro. «Con el tiempo todo pasa», añade, y a los buenos momentos siguen otros que no lo son tanto, y llegan otros menos dulces e incluso amargos. «Cada uno siguió con su vida, pero claro, hubo a quien le tocó uno o dos décimos» que ayudaron a hacer más fácil la vida de muchos habitantes y de sus respectivas familias. 

Si en algo coinciden todos es que en el 'Gordo' no se les subió a la cabeza en Rebollo de Duero. Que supieron administrarlo bien e invertirlo en mejorar el pueblo, especialmente sus casas. El buen estado de su 'parque inmobiliario'  es la prueba de que muchos de los agraciados siguieron apostando por vivir en la localidad. 

A diferencia de algunos casos concretos que conocen de otras localidades agraciadas como Berlanga de Duero que «se gastaron el premio en cuatro días», en Rebollo se impuso la sensatez, y el celebrarlo en hermandad. Aquel día, comenta Álvaro (el otro), el más joven, fue antológico. «Recordar, recordar, no recordamos tanto, porque cargamos», señala con mucho sentido del humor. En su caso, guarda con cariño una fotografía que apareció en muchos medios de comunicación en la que salía montado en la pala de un tractor. «Todos acabamos juntos en el bar... Ahora sería impensable por el coronavirus», volviendo súbitamente de su ensoñación.

lo que queda del día. El gato 'cicerone', un minino que nadie sabe de dónde ha salido, pero al que cuida todo el pueblo, sigue atentamente la conversación. Él también escucha interesado el relato de aquel día de algarabía que contrasta, 15 años después, con la tranquilidad del municipio en el que durante la mañana es difícil encontrar a varias personas simultáneamente por la calle. «Vivir si vive gente», añade un trabajador de la construcción de Soria que espera la llegada de material y que trabaja en la rehabilitación de una vivienda. 

Cada vez, eso sí, menos. Rebollo, pese a la lluvia de millones que dejó el Gordo de Navidad no es ajena al problema que padecen muchos pueblos de la provincia de Soria: la despoblación. «Dormimos en Rebollo 13 personas; los fines de somos unas 25», matiza Álvaro (el otro, el jubilado y tercer organista de la misa que todos los domingos se celebra en el bella iglesia de la localidad). En verano, eso sí, el número de residentes crece. El vínculo de los hijos del pueblo con Rebollo sigue muy vivo.

Al margen de poca población y envejecida, la localidad también sufre la ausencia de servicios. El consultorio de enfermería sólo atiende los terceros miércoles de cada mes, aunque lo peor, insiste, Álvaro, es la carretera CL-116, una vía con mucho tránsito de camiones con muchos tramos sin arcén;  con curvas y cruces peligrosos. «El otro día hubo un accidente. Hasta hace unos meses no había ni limitación de velocidad», explica.

La conclusión, en su opinión, es sencilla: parece que nadie se preocupa mucho por mejorar esta carretera que diariamente soporta un gran volumen de tráfico pesado. Álvaro, tras mostrar la bonita decoración navideña que se ha instalado en la iglesia «y eso que el belén este año es pequeño», apunta, toca al órgano uno de sus villancicos favoritos: 'Hoy en la tierra'. ¿Volverá Rebollo a vivir un 22 de diciembre tan señalado como el de 2006? Álvaro se echa a reír. «Que te toque una vez es difícil, pero dos es imposible», comenta. Y eso que conoce casos cercanos de gente que en seis años ha sido agraciada en dos ocasiones con el Gordo de Navidad. «Que nos tocara aquella vez fue muy bonito. Pero, ahora, que le toque a gente a la que no le ha tocado nunca. Como a vosotros, por ejemplo», comenta Álvaro en su despedida. El gato, que durante un buen rato se había quedado con Álvaro (el más joven) sale de nuevo al encuentro, maúlla, se tumba en la plaza Mayor y parece decir adiós con la mirada. Parece un gato con suerte en un pueblo donde ésta, desde luego, se comparte.