SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Las gracias del hombre triste

No me hizo ni pizca de gracia el comentario del Consejero de Sanidad, señor Sáez Aguado, en referencia la reapertura de la farmacia de Villar del Río. El más triste de entre todos los consejeros tristes que en el mundo hay logró que le corearan sus correligionarios populares en las Cortes de Castilla y León, cuando se preguntó y respondió a sí mismo en voz alta por los pueblos de España que, con tan sólo 141 habitantes disponían de consultorio médico y botiquín farmacéutico. ¡Ninguno!, enfatizó en dos ocasiones. ¡Ninguno! ratificaron a coro los prebostes de su entorno.
Ignoro si el dato es cierto, pero yo tengo otros muy constatables que viene al caso poner sobre la mesa y que hubiera esgrimido en el caso de tener posibilidad de hacerlo en el hemiciclo autonómico. Con el mismo entusiasmo, pero sin duda con más gracia, le habría preguntado, ¿sabe usted cuantas comarcas españolas tienen dos o menos habitantes por kilómetros cuadrado?. ¡Ninguna!, le habría dicho señalándole con el dedo. Lo que traducido a otras palabras significa que ya está bien de usar contra los habitantes de los territorios casi deshabitados su propia desdicha para echarles a la cara que, encima, están como quieren, que son unos privilegiados. Sólo falta que cualquier día, el señor Sáez Aguado, pida a uno de sus asesores que le saque la cuenta de los que cuesta cada médico por habitante en Soria, o cada caja de antibióticos.
Pudo haberle dicho algo el procurador Ángel Hernández, pero no le quedaba turno de palabra. Ni diplomacia, añado, porque le espetó a la cara que era un inútil, lo que sirvió únicamente para dejar el rostro del consejero más serio si cabe, y sus respuestas más cortantes y lacónicas. La réplica no era muy complicada. Si tenemos el edificio de la farmacia, muy bonito por cierto, y hay al menos 16 licenciados que aceptarían abrirlo al público con las condiciones de apoyo financiero acordadas por mancomunidades y ayuntamientos de la zona, sólo falta que la Junta convoque la plaza que dejó vacante hace un año el anterior titular de la misma. No parece muy complicado.
Y no lo sería supongo. Quiero pensar que esta es una cuestión menor, que ni siquiera debiera haber llegado a la sede del legislativo y que podía estar  resuelta con una simple visita a la Consejería o a algunos de sus departamentos competente en el tema de ordenación del mapa farmacéutico. Pero no, había que dar pie a que el humorista más soso que conocerán los tiempos se explayara asegurando que para que se abra uno de estos establecimientos hay que dar servicio al menos a 1.800 personas y si no llegan que les lleve el Sintrom el cartero.