LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Libertad sin odio

22/02/2021

En 1976, el grupo Jarcha hizo popular el tema Libertad sin ira que terminó siendo la sintonía de la transición, la misma que denostan algunos que no la han vivido, para adaptar el guión de la historia a su versión interesada que tiene también su propia valoración del grado de democracia que existe en España pero, a la vez, su piel es muy fina a la hora de no aceptar las críticas a su gestión política. 
Desgraciadamente, más de cuatro décadas después tenemos que continuar hablando de libertad pero sin odio, no hay más que echar la vista a las calles de las grandes ciudades donde se reclama libre expresión pero alterando la convivencia pacífica y quemando contenedores, pidiendo la excarcelación del rapero Pablo Hasél, que cumple condena por delitos de odio, cuya trayectoria es bien conocida por desear que disparen en la nuca a determinados políticos, por agredir a un periodista o al testigo de un juicio o enaltecimiento del terrorismo, entre otras. Sería conveniente que esto lo supieran quienes levantan adoquines de la calle para lanzarlos a los escaparates o destrozan el mobiliario urbano, estos cachorros que parece que hay quien quiere sacar de su letargo o cuyas acciones los benefician políticamente, o eso piensan.
La libertad de expresión es un derecho consagrado en la Constitución, incluso hay proyectos en el Parlamento para modificar el Código Penal y hacer más laxo o eliminar supuestos de este delito en determinadas circunstancias, pero nunca debe prevalecer sobre otros como es el derecho al honor y a la propia imagen, menos si se trata de personas que no son cargos públicos. Tampoco, desde luego, hay que legitimar las proclamas antisemitas de la organización neonazi de Madrid Juventud patriota. 
Que sabiendo todo esto el dirigente de Podemos Pablo Echenique anime a los manifestantes a protestar en favor de la libertad de expresión, mientras se emiten en directo encontronazos con la policía y llamas saliendo de contenedores, es un grave error de quien actúa como portavoz de un partido que se encuentra en el Gobierno que, por cierto, viene trabajando en favor de sus textos legislativos con una flagrante deslealtad a cambio de un puñado de votos. 
El presidente, Pedro Sánchez, está atrapado por una pinza a su izquierda y a su derecha que le puede costar la legislatura, aunque si tiene que convocar elecciones no se solucionará nada como se ha visto con el resultado en Cataluña. Solo caben acuerdos y consenso para sacar los temas adelante. Lo grave es que partidos que tienen posibilidad de ser Gobierno, como el PP, solo piensan en anunciar la venta de su sede para que se disipe la sombra de corrupción de los anteriores dirigentes, aunque también se sabía, desde que perdieron las elecciones, que era una decisión que se meditaba por razones de tipo económico. No encuentra su espacio. 
Lo malo de este panorama, basado en el populismo de los más radicales, es que un día los insultos lleguen a mayores. Entonces vendrán los lamentos y las acusaciones mutuas. Hay quien no ha aprendido nada. 



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