CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Años reputacionales

14/01/2021

Mal pinta una sociedad contagiada por el pesimismo y viviendo bajo una doble amenaza sobre la salud y el bolsillo de su gente. Los analistas lo llaman "malestar social". Está larvado pero sigue creciendo como consecuencia de la crisis económica derivada del frenazo pandémico. Y se hará más visible cuando se retiren los analgésicos en un mercado laboral intervenido por el Estado, con cargo al bolsillo del contribuyente. Es decir, los ERTE (755.000 personas inseguras en su puesto de trabajo a partir de mayo) y las ayudas a los autónomos. Piadosas formas de solidaridad ideadas en el llamado Estado del Bienestar. Luego vendrán los despidos, la desaparición de empresas no competitivas y, desde el punto de vista social, el crujir de dientes.
Como ya ocurriese en la anterior crisis financiera (a partir de 2009 en España), la respuesta del Gobierno para salir del agujero se remite a la multimillonaria ayuda europea pensada para no solo para la recuperación. Sobre todo, para la transformación del sistema productivo. De ahí que el marco venga exigido por la modernización y las reformas pendientes, con motivaciones más sociales, más ecológicas, más digitales, más industriales. Nada menos que 140.000 millones durante seis años.
Se distribuirán en función del impacto de la pandemia sobre la riqueza (en torno al 11% de caída en el PIB de 2020), el paro en general y el paro juvenil en particular. Una decisión histórica en la forja de la Europa unida que cursa con el inevitable debate político nacional: ¿Y si los fondos se convierten en una piñata clientelar de regalos improductivos, como ya ocurriese con el desdichado plan E de Rodríguez Zapatero?
La pregunta no es ociosa. Forma parte de un estado de opinión de los inversores contagiados por la desconfianza en un Gobierno que sobrevive apoyado en socios poco fiables y claramente desestabilizadores. Lo que le faltaba a una economía nacional que sufre el mayor desplome de la Eurozona. No conviene olvidar que la inversión internacional es determinante en muchas empresas del Ibex 35. Cuesta pensar en la remontada si falla ese vector. Y de ahí la significativa ausencia de los ministros de Podemos en la XI edición del "Spain Investors Day" (SID) inaugurada este miércoles por el rey, Felipe VI.
Se entiende que Sánchez haya querido ofrecer la mejor cara de su Gobierno en un acontecimiento que cruza a las grandes empresas españolas con inversores de todo el mundo. Se trata de desactivar los daños reputacionales causados por la presencia de una fuerza populista que ve al Ibex como el poder oscuro que ahoga a los de abajo y maneja a los de arriba. Y de desmentir ante el mundo que a España le falte certidumbres, seguridad jurídica y estabilidad política. Espero que se consiga, por el bien de todos.
 



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