CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El embajador

Lleva en España los años suficientes como para saber que se acerca el final de su estancia y que antes de unos meses su ministerio le enviará de embajador a otro país del mundo. “España es hoy el mejor lugar para vivir –cuenta-, con todos sus problemas es sin embargo uno de los países con mayor calidad de vida”. Ni una palabra sobre la inestabilidad del gobierno y sus consecuencias, como buen diplomático ni siquiera en privado hace comentarios sobre la política del país en el que está destinado. Pero se le ve encantado por sus vivencias españolas.

Es difícil compartir la idea del embajador aplicada a la España actual, pero a poco que se eche la vista al panorama internacional, se llega a la conclusión de que efectivamente a pesar de contar con una clase política manifiestamente mejorable, a pesar del paro, del independentismo y del miedo a si nuestros gobernantes están preparados para afrontar la nueva crisis que nos acecha, España es un gran país.

El lunes comienzan en Bruselas los “exámenes” a Borrell para formar parte de la Comisión Europea. Es un gran candidato, pero si no superara la prueba no sería el único que quedara fuera de juego, aunque en su caso debería plantearse presentar previamente su renuncia a continuar al frente de Exteriores, porque cualquier contratiempo incidiría en la imagen del gobierno. Nos haríamos cruces si no superara los hearings con expertos que escudriñan en la vida personal, política y patrimonial de los candidatos, pero han caído los candidatos de Polonia y Hungría, la francesa no ha superado la primera prueba y no es seguro que pase las siguientes, y el griego Margaritis tiene el cargo en globo a pesar de su experiencia y prestigio.

Tenemos lo que tenemos, nombres que parece inconcebible que hayan llegado tan alto, pero peor lo tienen los británicos con un primer ministro que ganó un referéndum engañando a la ciudadanía, que no respeta al parlamento, que se toma las leyes a título de inventario y que utiliza habitualmente un lenguaje grosero, irrespetuoso y amenazante. Mejor cualquiera de los nuestros que Boris Johnson. De calle. Como mejor cualquiera de los nuestros que un Trump que se mueve permanentemente en la ilegalidad, utiliza los medios públicos para sus intereses privados, coloca a familiares y amigos, busca el desprestigio de sus adversario con malas artes y es un racista de tanta envergadura que plantea como última alternativa para detener el flujo migratorio latinoamericano poner fosos en las fronteras con caimanes y serpientes venenosas. Indiana Jones en la Casa Blanca.

No podemos cejar en el empeño de elegir a los mejores para que ocupen los cargos de más responsabilidad dentro y fuera del gobierno. Pero deberíamos dejar de fustigarnos por no tener unas autoridades al nivel de lo que nos merecemos: algunos de los países más poderosos están en manos de personajes que no querríamos en España ni de turistas.


Las más vistas