CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


España Suma

Pablo Casado, y en menor medida Juanma Moreno, se han mostrado partidarios de la fórmula electoral España Suma que propone el PP, haciéndose ambos la misma pregunta, que si los españoles queremos que gobierne Pedro Sánchez o no.

La respuesta a esa pregunta es que mayoritariamente los españoles no quieren a Sánchez en Moncloa; si fuera así le habrían votado masivamente y no estamos como estamos. Pero se equivocan Casado y Moreno si creen que una coalición electoral va a suponer la carrera triunfal de Casado hacia La Moncloa.

Una cosa es que varios partidos se presenten bajo un mismo nombre en una comunidad como Navarra, donde hay que parar los pies como sea a quienes se buscan la pérdida de identidad de los navarros para convertirlos en miembros de un País Vasco que jugaría a la independencia, y otra muy distinta fusionarse electoralmente con Ciudadanos pensando que de esa manera se derriba al PSOE. Y una cosa es una coalición preelectoral generalizada en toda España y otra muy distinta llegar a acuerdos postelectorales con fuerzas que sumen lo suficiente como para formar gobiernos estables, que es lo que se ha hecho tras las elecciones de abril y mayo.

Las generalizaciones siempre son malas. En Galicia, por ejemplo, Feijóo se opone a la fórmula que encandila a Pablo Casado, España Suma, porque ahí la presencia de Ciudadanos es ínfima; y presentarse a unas elecciones con listas comunes arrastraría hacia abajo a un PP que lleva décadas repitiendo mayoría absoluta. Y que cuando se quedó a falta de un escaño para esa mayoría, provocó un gobierno PSOE-Bloque que duró un cuarto de hora, lo que significa que los gallegos prefieren un presidente del PP… a no ser que el descalabro que ha hecho Pablo Casado en el partido afecte al resultado que puede tener Núñez Feijóo en el caso de que quiera volver a presentarse.

Porque en eso es en lo que tendría que estar Pablo Casado, en fortalecer su partido, presentar candidatos sólidos y dejarse de amiguismos y de servidumbres que no han atraído un solo voto sino todo lo contrario. El que conozca un hombre o mujer del círculo de Aznar que haya sido recibido en olor de multitudes y con entusiasmo desbordante, que levante la mano. Lo único que han hecho algunos candidatos es cabrear al personal que ha visto que, por colocarlos, el nuevo PP se ha quitado de en medio a dirigentes muy queridos y que se dejaron la piel por el partido.

En ese terreno es donde Casado debe empeñarse, no en buscar fórmulas pintorescas que no convencen a nadie. Porque incluso la corrupción, escandalosa, daña menos que echar abajo las estructuras de un partido para crear otro que solo se parece en las siglas. Si Pablo Casado se ocupara de fortalecer de verdad el PP, ni habría perdido la mitad de los escaños ni tendría que inventar propuestas como España Suma.


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