EL TIEMPO Y LOS DADOS

Manuel Juliá

Periodista y escritor


¿Por quién doblan las elecciones?

Robert Jordan durmiendo en un saco, al lado de María, espalda contra espalda, inicia un monólogo profundo en el que su decepción y su dolor se encienden. Ha sido traicionado por Pablo, quien robó la dinamita que tenía para volar el puente. Dentro de la penumbra sus pensamientos rugen como el motor de una decepción. Qué hago yo aquí, viene a decirse, en un país extranjero que vive una querella fratricida y cruel. La guerra le imprime en su interior el semblante de una tierra llena de egoísmo, soberbia y miseria. Pero su fe profunda en la bondad del ideal que le llevó, desde el otro lado del océano, a esta Castilla que define tostada y amarillenta, a él no le abandona. Su fe está intacta y siente la obligación de dinamitar el puente para que puedan pasar los republicanos. Tienes que arreglártelas como puedas, se dice, plantarte y volarlo, aunque hayas de morir en el intento. Al final murió. Y la voladura del puente no sirvió para nada, porque el ejército fue por otro lado.
Pero en ese dolor de la traición, repasa el listado de dirigentes, y una inmensa desolación le hace decir en sus adentros: «Dios se apiade de los españoles. Sus dirigentes siempre les traicionan. En dos mil años solo han tenido uno que era buena persona: Pablo Iglesias». Por supuesto, Ernest Hemingway, no se refiere al actual Pablo Iglesias, de quien intuyo poca gente incluirá en el listado de las buenas personas. Pero la expresión vale para el día en que vivimos. Hemingway la pone en labios del protagonista de Por quién doblan las campanas, el brigadista americano Robert Jordan quien, como tantos, dio su vida en un país lejano luchando por la libertad. En la novela se expresa, como en pocas, ese desprecio al pueblo que oscurece nuestra historia.
Ahora, mientras leo el último barómetro del CIS, recuerdo a Jordan. Los políticos son ya el segundo mayor problema (45,3%, en 1985 era el 4,7%). ¡Qué habrá dentro de tan magnas cabezas más allá del egoísmo! Qué sístole y diástole no moverá sus corazones que no sea por el interés te quiero Andrés. El torpe Rivera, por ejemplo, ha realizado el mayor ejercicio de egoísmo que recuerdo. Imaginó arrasar al PP y elevarse al trono de líder de la oposición. Si hubiera pensado en el país no estaríamos ahora en este enredo que parece eterno. La izquierda, esa que decepcionó a Jordan, hambrienta del mismo error de siempre se despedaza en un foso de heridas. El PP ya decepcionó alimentando la cueva de Ali Babá. A los nuevos les viene exacta la frase de Heminqway. ¡Pobres los que creímos que eran el futuro! Son ya más pasado que el pasado. ¿Dónde hay un corazón tan grande en el que quepamos todos, dónde? Quién será capaz de dormir su egoísmo y despertar nuestra fe. Quien lo haga será el más inteligente.



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