DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Capacidad exportadora a la baja

La capacidad exportadora de Castilla y León ha sufrido en los primeros meses del año un preocupante retroceso. Hace tan solo tres años, la Comunidad suponía el 6 por ciento de las exportaciones nacionales al exterior y ahora representa el 5 por ciento del total, con una merma que la sitúa entre las regiones que peores indicadores aporta y con territorios que vienen pisando fuerte los talones en términos absolutos como el es el caso de Aragón.

Sabemos que esa variación va ligada a los vaivenes que experimenta la automoción, sector que ejerce claramente de motor de arrastre de la economía regional. De ahí la imperiosa necesidad de diversificar el modelo productivo, ahondando en políticas de impulso que permitan crecimientos sostenibles e incluso el mayor distanciamiento favorable de una balanza comercial que aún arroja superávit. Pero la excesiva dependencia de las importaciones provenientes de los países de nuestro entorno añaden un grado más de inquietud.

De dominio público es también el innegable hecho de que son tres los sectores que marcan el paso: el del automóvil, el relativo a la semi-manifactura no química y el de la pujante industria agroalimentaria. Y este último sector exige no sólo la intermediación pública, sino la perfecta coordinación de políticas industriales, agrarias, ambientales, fiscales, económicas y formativas que no se da precisamente en estos momentos a poco que hables con los representantes de un sector tan estratégico como es éste. Hay veces que la multiplicidad de interlocutores públicos lastra tanto o más que la propia ausencia de una única interlocución válida, y algo de esto sucede en la legislatura autonómica recién comenzada. No hay época o casi año en el que no se anuncien planes de exportación, pero a la hora de la verdad la intención y la teoría superan con creces a los resultados reales. Y si el propósito es ejercer un loable liderazgo en el terreno de las exportaciones, las herramientas y los planes de la Administración deberían ir perfectamente coordinados, incluso aglutinando las diferentes acciones en materia de exportación en un único departamento o ventanilla.

Fórmulas colaborativas con los agentes sociales y económicos y los propios actores empresariales las hay, solo que precisan de una hoja de ruta clara y de un alineamiento fiable que ahora brillan por su ausencia.


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