Carmen Hernández

Periodista


Tenemos un problema

08/02/2020

Que necesitamos superar una emergencia climática es algo que parece que ya todos hems asumido. Lo digo porque, hasta hace pocos años, en pleno siglo XXI, parecía que las cuestiones ecológicas eran cosa de jovencitos antisistema o de activistas avezados con dedicación exclusiva como los de Greenpeace ?que hacen falta muchas horas de entrenamiento y planificación para grabar macrodibujos en los hielos del Ártico o para dejar 200 kilos de abejas muertas en la puerta del Ministerio de Agricultura; lo digo con todo el respeto que me merecen los pioneros en la lucha por el medioambiente.
En política, la derecha ha pasado del primo de Rajoy, que decía en 2007 que «tampoco podemos convertir el cambio climático en el gran problema mundial», al alcalde Almeidaque, con el furor del converso, presumía, hace poco, de ser el que más multas ha puesto en defensa del Madrid Central de Manuela Carmena –quién le iba a decir a ella que le iba a salir semejante adalid-.
Pero tampoco la izquierda está exenta de contradicciones. Las calles peatonales, las bicis y los contenedores de basura de muchos colores podrán dar un respiro a las ciudades contaminadas pero no van a la raíz del problema que es el propio sistema económico en el que nos movemos los habitantes del planeta: la economía libre de mercado que lleva al consumismo de forma inevitable. Porque si todos lográramos vivir con una muda y el traje de los domingos, yendo a pie a todas partes y comiendo los productos de nuestro huerto recién cogidos (adiós a la nevera), entonces, tendrían que cerrar casi todas fábricas de ropa, vehículos,  electrodomésticos y alimentación y millones de personas se quedarían sin trabajo y sin ningún medio de vida; eso dejando aparte que no habría suficiente comida para todos. Y es que, a veces, olvidamos que la Tierra tiene más de 7.000 millones de habitantes que necesitan vivir cuando, en 1.850, por ejemplo,la cifra no llegaba a 1.265 millones.
 



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