Espectáculo natural en la colmena

Ana Pilar Latorre
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Desde hace ocho años, Miguel López Cuscurita e Inmaculada Casas ofrecen la oportunidad de conocer la actividad de las abejas de cerca, lo que compaginan con la elaboración de varios productos apícolas

Espectáculo natural en la colmena - Foto: Javier Ródenas Pipó

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Espectáculo natural en la colmena.

Pobar ofrece al visitante la posibilidad de contemplar un gran espectáculo natural, como es la actividad de las abejas en las colmenas, en primera fila y en un entorno natural incomparable de Tierras Altas. De la mano de los apicultores Miguel López Cuscurita, de La Hinojosa, e Inmaculada Casas, de Pobar, descubrimos los secretos de una profesión que les apasiona y de la que tienen mucho que contar, tanto en el aspecto productivo como en el de la organización de la colmena y sus beneficios medioambientales.  
Realizamos con los apicultores una visita a sus colmenas, como las que organizan desde hace ocho años (de mayo a noviembre) para grupos, desde familias con niños pequeños hasta grupos de amigos, todos ellos atraídos por el singular mundo de estos insectos. Miguel nos explica que el primer paso es colocarse bien el mono y la capucha con velo, en color blanco (para no atraerlas, ya que, por ejemplo, van hacia el negro) y bien cerrados con cremalleras y gomas. No puede quedar ningún hueco, tampoco en guantes y calzado. «Las abejas no saben andar hacia abajo», repite con insistencia y siempre pensando en la «seguridad absoluta» del visitante. Si se colara una abeja en la ropa, «es media hora que se pierde de tiempo». En caso de alergia hay que extremar la precaución y evitar el contacto con estos insectos y en caso de picotazos aconseja amoniaco para los de abeja y lejía para los de avispa, porque es carroñera y hay que desinfectar. 
Una vez listos, nos encaminamos hacia la furgoneta y desde ella contemplamos el el espectacular paisaje tan característico de la comarca de Tierras Altas. Al poco tiempo llegamos a sus más de 30 colmenas instaladas en el monte. Ya escuchamos en característico zumbido, que se nos meterá en la cabeza hasta dejar aquel lugar dos horas después. Está siendo un año seco y se prevé una producción más oscura, con más melaza, mientras que si hay más humedad contiene más néctares. Un instrumento imprescindible para el apicultor es el ahumador, en el que prende ramillas, la de arriba de sabina porque le gusta el olor; además del hacha para ir separando los cajones con panales. 

Espectáculo natural en la colmena
Espectáculo natural en la colmena - Foto: Javier Ródenas Pipó
«El humo les hace ponerse a comer, ya que por instinto creen que hay fuego y se llenan de comida por si hay que huir, tanto que no pueden picar», comenta abriendo despacio y suavemente una colmena con 70.000 abejas, lo que multiplicado por 30 son en torno a dos millones las que hay en aquel lugar. Ya las sentimos muy cerca, zumbando alrededor y chocando con el velo constantemente porque quieren entrar... «No hay que ponerse muy delante para no molestar», advierte, mientras muestra como entran por la parte de abajo las guardianas y las obreras cargadas de bolitas naranjas de polen e incluso alguna cubierta totalmente. Así es también como el apicultor valora el estado de una colmena, por las que entran y salen y si hubiera alguna muerta en el suelo. Puede ser porque han ido a una planta a la que han tratado con herbicida, lo que cada vez es más frecuente.
En primavera hay que estar más al tanto de las colmenas, pero en verano los apicultores acuden con frecuencia al monte, sobre todo si llueve o hace demasiado calor, para controlarlas semanas antes de la recolección. Nos las muestra moldeando y estirando el panal, los propóleos, la miel sin opercular... «Esto es un zángano», explica enseñando un panal al trasluz en el que no coinciden las celdas, así como los huevos puestos ese día, comprobando el buen estado de la reina, que en un día especial puede llegar a poner 3.000 huevos, lo que es siete veces su peso. «Si muriera, lo detectan y cambian el formato de la celda, alimentan solo con jalea real a un ejemplar y nace otra reina», detalla.
La puesta se sella a los nueve días y operculan para que haya metamorfosis y nazcan abejas. Hay celdas de ocho milímetros para que nazcan los zánganos de huevos sin fecundar y de seis milímetros en las que nacen las obreras. Miguel es una fuente inagotable de datos y curiosidades sobre las abejas. También comprueba el buen estado por el número de zánganos, que tiene que ser de al menos un 10%, y por la gran gama de colores de la colmena.
Espectáculo natural en la colmena
Espectáculo natural en la colmena - Foto: Javier Ródenas Pipó
60.000 abejas. Al otro lado de las colmenas perfección están las colmenas layens, con una estructura diferente, ya que éstas últimas son más ciegas. La población media de una colmena es de 60.000 ejemplares, asciende de invierno a verano. La mayoría de las colmenas se ubican en el Sistema Ibérico, en zonas de montaña. En Soria se da mucho la trashumancia, ya que apicultores de Valencia trasladan sus colmenas a Soria en los meses de verano. Hay alguna que otra en la zona de Pobar. Mientras los apicultores sorianos precisan están empadronados y autorización del propietario de la finca, los que vienen de Levante tan solo precisan un permiso de los dueños de los terrenos. Es una de las preocupaciones de Miguel e Inma.
En estas colmenas también se echa el humo para «ver lo que hay». Hay miel operculada, ya sellada. «Siendo un producto líquido solo tiene un 17% de humedad», apunta como dato curioso. Llegan más abejas con las patas cargadas de polen y las meten.Es importante la fabricación del pan de abeja, que fermenta el polen recolectado y también aporta calor a la puesta. Se pueden ver las abejas recién nacidas, con las alas más blancas que las demás y mucho pelo, que van perdiendo con el tiempo.  Apunta que «están pacíficas, lo poco que llovió ayer les ha beneficiado. Hay polen alrededor y se ve una puesta extraordinaria». «Las reinas se ven mejor en las colmenas menos numerosas», detalla. 
El propóleo no lo elaboran por rejilla, sino por raspado, porque «es más natural», y se macera en orujo.  También destaca las propiedades del polen, «la proteína vegetal por excelencia y muy sana, de las pocas que se obtiene sin matar al animal». «Tiene todos los aminoácidos y oligoelementos porque es la parte femenina de la flor», añade explicando que se comenzó a recolectar por investigaciones realizadas en la zona del Caúcaso.
Espectáculo natural en la colmena
Espectáculo natural en la colmena - Foto: Javier Ródenas Pipó
«Estoy contento porque todos los panales están desbordantes», explica el apicultor, que heredó la pasión por la apicultura de su madre, Nati Cuscurita. Su padre, Exiquio, «era el mejor catador de todos los productos de la colmena». 
De La Hinojosa se ha trasladado con su familia a Pobar y tienen colmenas en las dos localidades, que en invierno trasladarán a Ágreda. Otro problema que apunta es el de las subvenciones de Castilla y León, ya que se realiza el recuento en abril y salen beneficiadas las colmenas de Salamanca, una zona más cálida. Tras la visita, nos acercamos a un mirador desde el que se contempla el impresionante paisaje y el castro celtíbero de Los Castellares, que conserva parte de su foso. Nos muestra la melaza que se acumula en los robles del monte. De nuevo en el vehículo, regresamos a la casa de los apicultores, donde en cada visita dan de probar los productos de la colmena y sirven un almuerzo con productos típicos de la provincia de Soria, entre los que no faltan los sabrosos torreznos.