CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Una cita fallida

Lo malo del encuentro Torra-Sánchez (Torra delante, porque juega en casa), anunciado para este jueves, es que puntúa en la grotesca carrera de sacos que libran las dos fuerzas principales de la hiperventilada familia independentista.

El president mirará al tendido separatista pidiendo lo imposible (autodeterminación, amnistía, fin de la represión). En el tendido separatista examinarán su grado de entusiasmo en la carrera hacia la Cataluña como unidad de destino en lo universal. Y el presidente del Gobierno tendrá que ser imaginativo para disimular el presentido fracaso de la entrevista.

El problema es que si Sánchez no baila al son de Oriol Junqueras ("Lo volveremos a hacer"), que desde la cárcel controla a los 13 escaños de ERC, puede que los Presupuestos Generales del Estado para 2020, convertidos en la clave de la gobernabilidad, no ven la luz en el Congreso de los Diputados.

Las posibilidades de alumbrar algo positivo en la cita del jueves en Barcelona, aunque solo fuera el establecimiento de un calendario para poner en marcha las negociaciones entre el Gobierno central y el autonómico, han quedado arruinadas con el anunciado fin de la legislatura autonómica.

Así, la agenda electoral se ha interpuesto en el pacto político previamente firmado por PSOE y ERC sobre una eventual salida al conflicto catalán. Por culpa de las prisas, ya no lo podrá capitalizar ERC sin sentirse vigilado por sus adversarios de JxCat. No olvidemos que fue uno de los suyos (de ERC, quiero decir), Roger Torrent, quien precipitó los acontecimientos cuando, como presidente del Parlament, impidió a Quim Torra seguir ejerciendo como diputado.

En consecuencia, tanto JxCat (Torra, Puigdemont) como ERC (Junqueras, Rufián) tratarán de abrazarse al enemigo común, como los boxeadores sonados. Sabiendo en Moncloa, eso sí, que la posición para el abrazo es la misma que para la puñalada, aun tratándose de adversarios que van perdiendo en su temerario enfrentamiento a la maquinaria del Estado.

A los independentistas no les queda otra que recuperar al enemigo común -su principal elemento de cohesión- tras el golpe de Roger Torrent y su intolerable acto de obediencia a la JEC, que ordenó la retirada del acta parlamentaria del presidente de la Generalitat. Y por eso en los dos grandes partidos nacionalistas coaligados en el Govern se habla ahora de "recoser" la unidad perdida y acabar con las recíprocas acusaciones de deslealtad.

En definitiva, que la cita de Sánchez con Torra en Barcelona está condenada al fracaso. Carece de sentido pactar nada de nada con un interlocutor desahuciado que va a perderse en la polvareda dentro de dos o tres meses.



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