CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Sin consenso

Podemos ya no es una sola voz. Nunca lo fue, lo que es habitual cuando unas siglas engloban a varias fuerzas políticas. Pero una vez desgajadas la mayoría de esas fuerzas, las llamadas confluencias, también surgen diferencias entre los que tienen más peso en Unidas Podemos.

Unidas tiene como líder a Albertón Garzón, de IU, y Podemos a Pablo Iglesias, y ante la crisis que se vive desde hace meses porque no hay acuerdo sobre la investidura de Sánchez, cuando Garzón dice A Iglesias dice B. Iglesias tiene todas las de ganar porque Garzón cuenta solo con seis de los 42 escaños del grupo podemita, pero en política nunca nada es seguro. Ni siquiera que Iglesias se presente a las próximas elecciones si hay adelanto electoral: si hace meses el propio Iglesias advertía que la próxima secretaría general sería una mujer –su mujer, no lo dudaba nadie, Irene Montero-, ahora lo que filtran algunas personas cercanas al todavía líder de Podemos es que Pablo Iglesias estaría barajando incluso no ser candidato en las generales cuando se celebren.

Quizá los filtradores tienen ganas de enredar, o de tantear el terreno por encargo de su jefe, pero pase lo que pase es evidente que no hay sintonía entre Iglesias y Garzón respecto a la posición que deben mantener ante la investidura de Pedro Sánchez. Si la hay, porque hay que recordar que Sánchez ya advirtió que no presentaría su candidatura si no contaba con los votos necesarios y seguros.

Alberto Garzón defiende el apoyo a Sánchez y dejarle gobernar. Iglesias sin embargo está cada día más alejado del apoyo, y hay que reconocer que el presidente en funciones no hace ningún esfuerzo por hacerle cambiar de criterio. No ha mantenido una conversación formal con Iglesias desde que fracasó en el anterior intento de ser investido, ha aplazado en varias ocasiones el obligado encuentro con Pablo Iglesias, siguen diciendo los socialistas que Iglesias no es persona de fiar y no hay día en el que Sánchez no insista en que no piensa para nada en un gobierno de coalición. Ofrece a Iglesias cargos que no tienen nada que ver con sentarse en la mesa del Consejo de Ministros, y algunos de los que se han filtrado dan la razón a Iglesias cuando declara que no va a tolerar ni una humillación más: lo que puede conseguir para su partido es un cargo en la oficina del Defensor del Pueblo o de la Comisión Nacional del Mercado de Valores o del Centro de Investigaciones Sociológicas. Ni siquiera la presidencia o dirección.

Se comprende que Iglesias no quiera apoyar a Sánchez –de momento-, como se comprende también que Garzón se incline por votarle para impedir un gobierno de derechas. Sin embargo un desacuerdo tan importante da pie a que los agoreros especulen ya con lo que puede suceder a Podemos en el futuro: no les extrañaría que siguiera perdiendo lastre, que sufriera nuevos abandonos.


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