SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Forjando nuestro carácter

Nos definen, y nos definimos nosotros a menudo, como gente adusta, desconfiada y poco dada a convertir en pirotecnia de risas y alborozo cualquier evento feliz. Hablo de los castellanos en general, pero sobre todo de los sorianos. Es obvio que el carácter se va forjando al paso de los años y a estas alturas es más que obvio que estamos escarmentando a palos, a golpe de frustraciones. Los hechos no dejan lugar a dudas, si acaso, lo que habría que estudiar es como nos apañamos para convertirnos en gente razonablemente feliz y divertida en ocasiones como cuando llegan nuestras fiestas o tomamos la calle en el estilo más latino, e incluso mediterráneo diría yo, para compartir los espacios lúdicos con nuestros congéneres mesetarios. A menudo alrededor de la mesa de una terraza o la barra de un bar.
El caso es que, si atendemos a los acontecimientos de las tres o cuatro últimas décadas, no podremos por menos que explicarnos este fenómeno sin necesidad de esperar a que algún empollón de la sociología redacte una tesis sobre las particularidades de nuestra manera de ser. Basta con recordar la cantidad ingente de promesas realizadas para poner a Soria en el mapa, convertir la provincia en referencia de esto o aquello otro, para concluir que lo raro es que nos creamos media palabra de lo que se anuncia, aunque vengan con los planos e incluso con el presupuesto.
Íbamos a tener una universidad estilo anglosajón en Las Camaretas, una Ciudad del Medio Ambiente en Garray y por supuesto a ser ejemplo mundial del desarrollo sostenible con el impulso del Foro Soria 21 y, aún antes, con las propuestas de Deyna, asociación Desarrollo y Naturaleza y que procuró, como el Foro Soria 21, sacar fondos a las administraciones para todo tipo de actividades inútiles, pero lucrativas para los organizadores. Ya en tiempos más remotos se iba a ubicar en Soria un Centro de Investigación Nuclear en Lubia, que por cierto generó un gran rechazo, y en estos más cercanos nos van otorgando óbolos limosneros en forma de autovía a cahitos  para que nos convenzamos de que, de vez en cuando, se acuerdan de esta tierra, básicamente porque no queda más remedio que pasar por aquí para llegar a otras partes.
Estas frustraciones han forjado el carácter de unas gentes acostumbradas a mirar para atrás porque, de vez en cundo, les propinan una colleja en forma de ferrocarril que se cierra, servicios que se suprimen y por supuesto proyectos que nos quieren empaquetar porque no los desean en otras partes. Por qué se extrañan  de que, a cada cosa que se anuncia le pongamos pegas. Vaquerías por ejemplo.



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