DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


La visita

09/04/2021

No deja de ser una forma extraña de entender la política. La lideresa de Ciudadanos ha visitado Valladolid para hacer campaña en Madrid. Dicen los expertos que lo ha hecho para demostrar a los madrileños que la sintonía con el PP continua incólume, que votar a los naranjas es la mejor opción para garantizar la continuidad azul. Muestra como ejemplar la sintonía con el presidente popular de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, y el compromiso de ambos de respetar el pacto antitránsfugas.
Además de alejar al votante de centro izquierda, no parece que la escenificación le resulte rentable. Seguramente a la inmensa mayoría de los madrileños este encuentro en provincias le pase totalmente inadvertido. Además, los reunidos poco más que se representan a sí mismos. Carece de importancia la confesión de fidelidad antitransfuguismo de Mañueco y Arrimadas cuando desde la dirección nacional del PP sigue abierta la veda para capturar piezas en el coto de Ciudadanos, a cualquier precio y con el mayor descaro. Obvia Arrimadas también que no posee autoridad moral sobre los suyos, como lo demuestra que desde su propia militancia le afearan que no tuviera algún minuto para reunirse con el vicepresidente Igea, todavía militante de Ciudadanos, y con el resto de sus consejeros. Y más grave puede ser aún esa sensación percibida por muchos de que Ciudadanos parece un pollo sin cabeza, probablemente no tanto por incompetencia personal de Arrimadas cuanto porque en estos momentos de polarización de la política el centro resulta una entelequia.
No se explica de otra forma la fortaleza que las encuestas le dan a Díaz Ayuso, convertida en guiñol de sí misma, adalid de la astracanada y, a la vez, amenaza real para que tanto Ciudadanos como Vox se conviertan en partidos extraparlamentarios en la comunidad madrileña. Todo un fenómeno social y político que viene a confirmar que en política importa más la popularidad que la gestión. De ahí que los medios de comunicación, tanto afines como hostiles a la candidata, contribuyan por igual a la creación de un personaje convertido en icono, para algunos esperpéntico, y al que Casado mira con recelo. («La victoria de Ayuso será clave para que ‘yo’ llegue a la Moncloa». Pablo dixit).



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