DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


A partir del lunes

El domingo concluye el periodo electoral más intenso que ha vivido España. No solo porque en el breve plazo de cuatro semanas han coincidido las elecciones municipales, autonómicas, europeas y generales, sino también porque estos comicios han venido precedidos de dos años de una tensión política sin precedentes, con más frentes abiertos de los deseados y con una amalgama de partidos que dificulta proyectos de unidad. Pero todo tiene un final. Así que a partir del lunes regresará el sosiego. Todos los partidos en liza no solo acatarán formalmente los resultados, sino que asumirán internamente victorias y derrotas en pro del fin último que les justifica, el bien común. Habrá pocas mayorías absolutas y, en consecuencia, diputados nacionales y autonómicos, concejales y diputados provinciales, acudirán a las mesas de negociación con el espíritu generoso que les demandan sus votantes para formar gobiernos eficaces y estables. Rigor en las propuestas y mesura en los comportamientos. No habrá ansia de revancha en los perdedores y entre los vencedores, la tentación de soberbia trocará en puentes tendidos hacia las minorías.
Habrá quien piense que esto es un sueño. ¿Pero a que sería bonito? La realidad siempre es más dura que las ensoñaciones y el futuro inmediato de la política aventura dos realidades paralelas: En la superficie, declaraciones tópicas sobre proyectos y programas. Bajo la mesa, el reparto del poder, que de eso van unas elecciones. Han de conformarse las alcaldías de más de ocho mil ayuntamientos en España, los gobiernos de doce comunidades autónomas y de decenas de diputaciones provinciales. Las posibilidades de trueque son inmensas y no siempre se van a producir con la suficiente transparencia. En Castilla y León las encuestas otorgan a Ciudadanos la llave para entregar el poder al PP o al PSOE. Si no aceptamos ingenuamente el mundo maravilloso de Alicia, cabe temer más de una compostura que deslegitime el dictado mayoritario de las urnas. Respetar la lista más votada en cada caso sería el mejor ejercicio para evitar mercantilismos indeseados.


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