LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Ave Fénix

De colores llamativos y única en su especie, su tamaño y forma son similares a las de un águila, con unas peculiares plumas doradas, carmesíes y anaranjadas, dependiendo del lugar del cuerpo donde se localicen. Dotada de pico y garras poderosas, la leyenda desvela que, cuando le llega la hora de morir, este ave mitológica, que ostenta la virtud de que sus lágrimas sean curativas, elabora un nido de especias y hierbas aromáticas, en el que pone un único huevo que empolla durante tres días y que finalmente, sin saber muy bien el porqué, comienza a arder. El fuego alcanza a un Fénix que se quema por completo y, tras reducirse a cenizas, resurge del óvulo el mismo animal, idéntico, logrando la inmortalidad. Eterno retorno.
La tradición cristiana, influenciada por la mitología griega, sitúa su hábitat en el jardín del Paraíso, donde el ave anida en un rosal. Cuando Adán y Eva son desterrados, de la espada del ángel que los expulsa surge una chispa que prende el hogar del Fénix, haciendo que el fuego consuma al refugio y a su inquilino, pero, al ser el único ser en negarse a probar la manzana de la serpiente, ostenta la capacidad de la perpetuidad.
Igual que este legendario animal, Pedro Sánchez consiguió el pasado domingo resurgir triunfal, con un resultado electoral que le erige como auténtico líder de un PSOE que revive y que, después de las últimas citas con las urnas, parecía condenado a la pira. Su victoria en las generales, doblando casi en escaños al PP y alcanzando la mayoría absoluta en el Senado, le convierten en el ave Fénix de la política española, dejando patente que la resiliencia ha sido fundamental para dar la vuelta a una situación que hace tres años parecía una quimera.
El 1 de octubre de 2016, en un comité que pasará a la Historia como el más bochornoso del socialismo, el político madrileño se vio abocado a presentar su dimisión y a dejar las riendas de Ferraz en manos de una gestora. Los críticos se impusieron a las bases en una situación que, a todas luces, parecía insostenible, con una fractura total. El poder orgánico del PSOE estaba en contra de las decisiones de su líder. El cántaro fue tantas veces a la fuente que acabó rompiéndose.
Ese día parecía marcado como el principio del fin de un Sánchez, que había tratado de encabezar sin éxito en febrero el Gobierno del cambio y que ya se había llevado otra enorme decepción meses antes en las generales -84 diputados-, y un auténtico batacazo en las autonómicas vascas y gallegas, donde el socialismo registró los peores resultados de su trayectoria.
Sin embargo, el madrileño, lejos de tirar la toalla, aguantó estoicamente y, poco a poco, fue resurgiendo de sus cenizas. Sólo un año después, cuando casi nadie apostaba por él, logró vencer en las primarias de su partido, con un resultado contundente ante la gran favorita del aparato socialista -Susana Díaz-, dejando claro a los barones que él sería quien iba a marcar la hoja de ruta.
La sentencia sobre la financiación irregular del PP le empujó a presentar una moción de censura contra Mariano Rajoy, que consiguió sacar adelante con polémica gracias al apoyo del secesionismo catalán y de Bildu, convirtiéndose en presidente tras una maniobra que cumplía la máxima de que el fin justifica los medios, formando un Ejecutivo Frankenstein con menos de un tercio de los escaños.
Su gestión al frente del Gobierno tampoco estuvo exenta de ruido, pero esos 10 meses han sido claves para servir de carta de presentación y convencer a un electorado que le ha respondido en las urnas después de verse obligado a adelantar los comicios por la falta de apoyos para aprobar los presupuestos.
Pero no sólo eso. El líder del PSOE sabe que su victoria deriva de la movilización del electorado, con una participación del 75,7% inédita desde 1996, empujada por el voto del miedo, de aquellos que apostaron por frenar una posible irrupción a lo grande de Vox y una coalición de los de Abascal con el PP y Ciudadanos.
Ahora, Sánchez tendrá que mover ficha y demostrar que ha llegado el momento de revalidar el Ejecutivo. Los socialistas tienen la intención de gobernar en solitario, pero la izquierda ha comenzado a lanzar mensajes claros, avisando de que cualquier paso en falso puede dar al traste con sus intenciones.
El ave Fénix resurgió de sus cenizas al ser el único animal que no probó la fruta prohibida. Esa fue la clave.
El PSOE está en una posición envidiable y tiene ante sí el reto de gobernar sin tener que atravesar determinadas líneas rojas que pueden terminar consumiendo su proyecto. No lo tendrá fácil. Las autonómicas y municipales están a la vuelta de la esquina, y las exigencias de Podemos, así como la anunciada subida de impuestos, hacen que el fuego hoy continúe encendido.