A CONTRAPELO

Benjamín López

Periodista


Manos manchadas de sangre

"Sánchez prefiere manos manchadas de sangre a manos pintadas de blanco, prefiere manos pintadas de amarillo a manos abiertas a todos". Estas palabras de Pablo Casado son durísimas, la verdad, pero también son completamente ciertas. Los socialistas han sobreactuado, haciéndose los ofendidos y tergiversando el sentido de la frase. No, Casado no acusa a Sánchez de tener las manos manchadas de sangre ni pintadas de amarillo sino de preferir a los que las tienen, es decir, de asociarse a los proetarras de Bildu y a los golpistas catalanes mientras insulta al PP, a Ciudadanos y a VOX.
Es una evidencia. Hay demasiadas pruebas como para que alguien pueda negarlo. Sánchez llegó al poder con los votos de ERC, PDeCAT y Bildu; aceptó una cumbre bilateral con Torra en Pedralbes; firmó una declaración conjunta con los separatistas que siguen amenazando a España  a diario; escondió el ominoso documento de 21 exigencias que le entregó Torra, aceptó la figura del ‘relator’ o intermediador con los que quieren romper España saltándose la ley y reconoce que baraja el indulto a los políticos catalanes del ‘procés’ que eventualmente pueda condenar el Supremo. Además de todo eso, su partido negoció con Bildu el apoyo a los decretos propagandísticos de los ‘viernes sociales’; la secretaria general del PSE compartió risas, fotos, mantel y brindis con el terrorista Otegi sin el más mínimo reproche -más bien todo lo contrario- desde Ferraz, y Miquel Iceta dejó bien claro que en un futuro habrá que hacer un referéndum en Cataluña. Para eso España es plurinacional, que dice Sánchez.
Para colmo, Sánchez trata con guante blanco a golpistas y proetarras al mismo tiempo que se dedica a insultar y descalificar a Casado, a Abascal y, en menor medida, a Rivera. Los del ‘trifachito’, los de la “España en blanco y negro”, como les llama Sánchez y sus fieles seguidores. El doctor lleva meses sin telefonear al jefe de la oposición mientras se deshace en atenciones a Torra. Ni una palabra más alta que otra que pueda molestar a los golpistas o a los proetarras. No duda en pintar como fascistas a los líderes del PP, de Ciudadanos y de VOX, pero brinda con Otegi y con Torra. Ese es Sánchez, sí, el que obviamente prefiere las manos manchadas de sangre y pintadas de amarillo.
A los ‘sanchistas’ les duele, pero es la verdad. A ningún socialista le gusta admitir que su partido, que ha visto a muchos de sus militantes abatidos por las balas de ETA, se sienta ahora a tomar café con los que apretaban el gatillo o les apoyaban. Y eso es precisamente lo que está en juego el 28 de abril. Tenemos que decidir si dejamos España en manos de los que la odian o de los que la aman. Así de simple. Por eso, lo más importante, más allá de las preferencias personales, no es si gana el PP, Ciudadanos o VOX, sino que entre los tres sumen para echar a Sánchez. El pacto a la andaluza es la mejor opción, casi la única además, para España. Hay que extirpar el tumor antes de que haga metástasis. De lo contrario, el daño puede ser irreparable.