COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Aranceles electorales

El presidente del PP, Pablo Casado no ha desaprovechado la ocasión que supone la guerra comercial desatada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump a cuenta de la subida de aranceles a productos agroalimentarios de los cuatro países que colaboran fundamentalmente en la construcción de los aviones europeos Airbus, para arrimar el ascua a su sardina y culpar a la malas relaciones del Gobierno español con la Administración estadounidense de la imposición de esa tasas que pueden tener una repercusión en las exportaciones de esos productos de hasta unos mil millones de euros.  

Casado ha recordado que esa situación se da con los gobiernos socialistas. A pesar del enfado estadounidense con la actitud de Zapatero que en un desfile militar del 12 de octubre no se levantó al paso de la bandera de EEUU, en protesta por la guerra de Irak, las relaciones económicas entre ambos países apenas se resintieron, y aunque política y negocios suelen ir de la mano, los segundos tienen vida propia y circulan por sus propios raíles.  

A Pedro Sánchez, sin embargo, le toca lidiar con un presidente de EEUU, desaforado, que tiene poco de liberal, que está más preocupado por el proteccionismo que por favorecer el libre comercio, que ha dejado de ser el amigo americano y que tiene a la UE entre sus enemigos comerciales favoritos, después de China.

Establecer una relación de causa efecto entre gobiernos socialistas y problemas arancelarios para los productos agroalimentarios españoles es tratar de sacar ventaja de una situación que supone un varapalo para la economía de algunas regiones, varias de ellas gobernadas por el Partido Popular: los aranceles sobre el  aceite afectan sobre todo a Andalucía, y los del vino a las exportaciones de Castilla y León, que pueden perder mercado a favor de los mismos productos procedentes de Grecia o Italia a los que Trump ha dejado fuera de su castigo.

Más relevancia que a la críticas fáciles habría que pedir a Pablo a Casado que, en efecto, se pusiera al lado de Pedro Sánchez para que España tenga un papel relevante en la respuesta europea al ataque comercial que llega del otro lado del Atlántico para que sea contundente. Con un gran voluntarismo Casado se ha comprometido, si gana las elecciones, a "tener una posición fuerte a nivel internacional" para que los aranceles no afecten a la industria agroalimentaria española o a otros sectores, como si a Donald Trump le importara la procedencia ideológica de los gobiernos europeos, si considera que sus exportaciones lastran la productividad de su país y empeñado como está de desatar una guerra comercial a nivel global.

Por supuesto que a la agresión comercial debe seguir una acción contundente de la Unión Europea, que debe poner en marcha toda su capacidad negociadora, o toda su capacidad intimidatoria comercial frente a Estados Unidos. Esa no es la solución, claro está, porque productores por un lado y consumidores por otros son los paganos de esas decisiones. Solo falta que la OMC sancione a EE UU por sus ayudas a Boeing que es lo mismo que hace la UE con Airbus y dar una oportunidad a una negociación sobre la que hay pocas expectativas. En todo caso hay que confiar en que los mecanismos de la Política Agraria Común sirvan para aliviar los problemas de la industria agroalimentaria de los países afectados.


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