TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Klopp tuvo una idea

Jurgen Klopp (Stuttgart, 16 de junio de 1967) no es de ésos que entran en una sala abarrotada y dicen: «Tengo una idea». Es de los que patean la puerta para reclamar toda la atención, sonríen al viento y gritan: «¡Tengo una 'buena' idea!». Y de ese entusiasmo nacen proyectos como aquel Dortmund, éste Liverpool y noches como la del martes: el triunfo del colectivo sobre el individuo, del equipo alrededor de una idea sobre el equipo alrededor de un futbolista.

Una idea, una «buena idea», nunca puede fallar. Fallan los jugadores cuando no consiguen aplicarla. El Liverpool la tenía muy clara en el Camp Nou (no le salió) y la mantuvo en Anfield (le salió incluso mejor de lo esperado). De ese concepto, aplicado con coraje, salieron 180 minutos espléndidos de fútbol en rojo, partidos en los que los ingleses parecían tener dos o tres jugadores más sobre el césped.

A Klopp le llamaron «entrenador de niños» para descartarlo como técnico del Real Madrid. Para él, probablemente, esa definición sea un orgullo, pues quiere 'niños' dispuestos a creerse a pies juntillas un discurso valiente, alegre, casi divertido que desemboca en un estilo inconfundible: avasallar al rival. En 2015 contrató a Firmino, en 2016 a Mané y en 2017 a Salah. 40 millones cada uno. Luego llegaron Van Dijk (85), Allison (63), Kanté (60) y así hasta 500 millones de euros gastados en cuatro temporadas para hacerse gigante. Jurgen Klopp no quiere 'vedettes' sino futbolistas sacrificados y comprometidos con un buen plan, el suyo: aquel Dortmund (Hummels, Bender, Gundogan, Reus, Lewandoski, Sahin...) que perdió la final de 2013 ante el Bayern era una manada amarilla. El martes, la manada roja desangró al Barça. Anfield es el lugar perfecto para el 'loco' cuya idea es revelarse contra la tristeza, la tendencia al cero a cero, el poder establecido y el fútbol prefabricado.