PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Teatro político

Son muy interesantes las noches electorales, llenas de curiosas explicaciones. El PSOE muy contento aunque su ridículo ha quedado patente: nos llevó a elecciones por su incapacidad para lograr pactos. Ha fallado en su objetivo de aumentar el número de diputados e incluso ha perdido la mayoría en el Senado. El PP muy feliz por haber recuperado sólo una parte de lo que perdió en las anteriores elecciones aunque muy lejos del objetivo de 100 escaños. Ciudadanos admitió una derrota sin paliativos; pasó de querer ser el moderador de la política española a emprender un viraje hacia la derecha (donde quedó aplastada entre PP y VOX) que le impidió convertirse en un parte influyente del espacio político; lo tuvo todo (llegó a ser la primera opción en muchas encuestas) y lo perdió todo al abandonar las propuestas económicas socioliberales y renunciar a ser bisagra para soñar con ser el referente de la derecha sobrepasando al PP. Y otro fracasado, una vez más, ha sido José  Félix Tezanos, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, que no acertó ni de lejos los resultados; su disculpa de «no soy adivino ni el CIS es una casa de adivinanzas» y su convencimiento de que el trabajo fue correcto achacando su patinazo a la sentencia del procés, la situación en Cataluña y a la exhumación de Franco no ha convencido a nadie y otra vez le han llovido las peticiones de dimisión.
También ha habido ganadores. Han quedado reforzados los partidos nacionalistas y los independistas, pero el mayor éxito se lo ha apuntado VOX a pesar de la guerra que le declararon algunos medios de difusión que tildaban a VOX de extrema derecha peligrosa pero no hablaban de Podemos como extrema izquierda ni señalaban a ERC ni a JxCat como golpistas ni a Bildu como filoterrorista. El hundimiento de Ciudadanos ha obligado a dimitir a su presidente en un gesto de responsabilidad que le honra aunque creo que le debió acompañar su cómplice junta directiva. Cuando un político honrado fracasa, se va a su casa; cuando es un trepa, se queda diciendo: «No debo abandonar el barco cuando se hunde» en vez de pedir perdón por la mala gestión y dejar el sitio a otro. Esperaba, ingenuo que es uno, más dimisiones. No sólo la de Tezanos, también la de Sánchez por su fallido intento de mejorar la gobernabilidad (ha dejado un Congreso con 16 partidos, la cifra más alta de la democracia), la de Casado (incapaz de recuperar la herencia de Rajoy) y la de Pablo Iglesias que va perdiendo apoyos en cada elección. Conviene recordar las dimisiones de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno (al no contar con el respaldo de su grupo) y, más tarde, como presidente del CDS por su fracaso electoral, la de Rosa Díez (fundadora de UPyD) por un descalabro electoral o la de Joaquín Almunia al perder frente a la mayoría absoluta de José María Aznar. Puede que sirvan de ejemplo. 
Parece difícil resolver los dos problemas pendientes: investir un gobierno y poder gobernar. El PSOE ha firmado, en 48 horas, un preacuerdo con Podemos (de enemigos a amigos) al que desea incorporar otras fuerzas tanto por la vía del voto favorable o por la abstención en la segunda votación (el momento de los «pacíficos» independistas que apoyarán por concesiones y previo paso por caja). ¿Por qué no se pudo concretar este pacto hace meses y ahorrarnos más de 140 millones de euros? ¿Qué ha cambiado? ¿Ahora Sánchez si va a poder dormir bien con miembros de Podemos en el Gobierno?