Dos metros, ¿la distancia exacta para el virus?

Nuria Zaragoza
-

El catedrático soriano Alfredo Córdova y el ingeniero Iban Latasa publican un artículo científico con nuevas aportaciones sobre la idoneidad de ajustar las distancias de seguridad a los flujos respiratorios de cada individuo en cada momento

Imagen de archivo

GALERÍA

Dos metros, ¿la distancia exacta para el virus?

«La mejor mascarilla son dos metros de distancia». El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, lanzaba este eslogan esta semana en rueda de prensa, reiterando, una vez más, la idoneidad de guardar las distancias de seguridad como la medida más eficaz para prevenir el coronavirus. Por encima incluso del uso de las mascarillas o los test. Pero ¿son suficientes siempre dos metros para evitar el contagio?
En plena desescalada, el Gobierno ha ido abriendo salidas al exterior. Primero fueron los niños y, a continuación, hacer deporte de forma individual, dar paseos... Eso sí, con restricciones. Una de ellas, de nuevo, mantener la distancia de seguridad con respecto al resto de paseantes, corredores, ciclistas, patinadores, etc. Y, de nuevo, el consejo son dos metros de separación. Y, de nuevo, la pregunta emerge: ¿Son suficientes dos metros? ¿También cuando estamos en plena actividad física y nuestra respiración se acelera y expulsamos más gotitas respiratorias, de esas que transportan la carga viral? ¿O cuando vamos en bicicleta, en patines, corriendo... y hay desplazamiento en horizontal, lo que puede hacer que nuestras gotitas lleguen más lejos? 
El catedrático soriano Alfredo Córdova se ha empeñado en dar una respuesta científica a estas preguntas y su conclusión es clara: «Estas pautas [los dos metros aconsejados por las autoridades sanitarias y expertos] están hechas para personas sedentarias, quienes no practican actividad física en general. El problema está en los atletas, en quienes aumentan su flujo respiratorio (cantidad y frecuencia) y, por lo tanto, las distancias deben ser mayores. En el campo deportivo debemos adaptar la distancia a requisitos metabólicos, lo que demanda más metros, alrededor de diez metros cuando realizamos una prueba de estrés», aconseja. 
Lo hace apoyándose en un aspecto clave:el flujo respiratorio y el hecho de que la propagación del SARS-CoV-2 ocurre principalmente por gotitas respiratorias. «Si corres, al aumentar el número de veces que respiras por minuto, aumenta lo que ventilas respecto a una situación normal, aumenta el número de ventilaciones y emites más cantidad, das mucho más flujo de aire y, por tanto, la distancia de seguridad no puede ser la misma que si estás sentado.  En función de la intensidad del esfuerzo que hagamos tendrá que ser la distancia de seguridad que nosotros tengamos que respetar», sintetiza.
más actividad física, más distancia. Su estudio, por tanto se centra en analizar los flujos respiratorios como método para prevenir con seguridad la infección de coronavirus. «Como resultado de nuestro estudio y las consideraciones hechas por el equipo belga/holandés, creemos que la evaluación de la distancia segura debe ser más precisa, especialmente cuando queremos practicar actividad física. Sin ninguna duda, creemos que es muy importante tener en cuenta los flujos respiratorios», sentencia en sus conclusiones. 
Habla en plural porque ha realizado su estudio en colaboración con el ingeniero de Telecomunicaciones Iban Latasa. Y alude a las consideraciones belgas porque existe otro estudio internacional al respecto elaborado por los autores Lovaina y Eindhoven, que fue publicado en una web y que viene a refrendar sus conclusiones, aunque la metodología empleada ha sido diferente. «Ellos lo han hecho con unos maniquíes en el túnel del viento para ver cuál era la dispersión y la distancia que recomendaban. Nosotros lo hemos hecho analizando fisiológicamente cuánto aire ventilamos en función de nuestra intensidad de esfuerzo. Hemos utilizado datos reales de lo que un sujeto ventila en función del esfuerzo que hace, y lo hemos hecho basándonos en experiencias reales, en datos reales de pruebas de esfuerzo que nosotros hacemos en el laboratorio. A partir de ahí, hemos hecho la operación matemática correspondiente a través de un algoritmo para saber cuál era la distancia aconsejable y, curiosamente, es muy similar a la aportada por el otro estudio, a pesar de que ellos lo han hecho con maniquís y nosotros con flujos respiratorios», apunta al respecto el profesor del Departamento de Bioquímica, Biología molecular y Fisiología de la Facultad de Fisioterapia del Campus Duques de Soria de la Universidad de Valladolid. 
Su estudio, por tanto, «no es algo teórico», sino que tiene una base práctica real sobre pruebas practicadas a deportivas reales y, además, puede ser extrapolado a cualquier ámbito más allá del deportivo.
diferenciar si estás sentado o activo. A su juicio, los dos metros aconsejados por las autoridades se han fijado de forma «arbitraria» y con un carácter demasiado general, por lo que considera que podría resultar más apropiado tener en cuenta la actividad física que realiza el sujeto en cada momento ya que «el flujo respiratorio varía y, por tanto, la cantidad de aire que expulsa es diferente, y las medidas de seguridad no tendrían que ser en todos los casos iguales». Apoya sus palabras con datos objetivos basados en experiencias reales de personas reales:«Cuando uno está tumbado ventila unos seis-siete litros, cuando está andando viene a ventilar unos 10-12-15 litros y, en esfuerzo máximo, llega a ventilar hasta 200 litros. Por lo tanto, la distancia de seguridad no puede ser la misma en función de la actividad física que nosotros estamos haciendo». 
 Insiste en que su intención no es cuestionar sino aportar, «hacer ver a la sociedad que, sobre todo a la hora de hacer deporte, hay que tener unas medidas de seguridad diferente de las que se están estableciendo, que dos metros no debe ser un criterio global». Además, sus conclusiones deben ser especialmente tenidas en cuenta a la hora de la vuelta a la normalidad en gimnasios, entrenamientos… 
«Simplemente decimos que esos dos metros es para gente sedentaria pero no es lo que ocurre en la vida real, porque nosotros hacemos actividad física de mayor o menor intensidad y, por tanto, dos metros no es real para lo que ocurre en la vida real. En función del esfuerzo que hacemos, hay que establecer la distancia», remarca. Y pone de hecho un ejemplo práctico, «en ciclistas profesionales, donde además hay desplazamiento (van a velocidad), el cálculo con desplazamiento tendría que estar a 20 metros de distancia». 
El artículo científico está firmado por Córdova y Latasa y ha interesado a varias revistas especializadas, si bien los autores han seleccionado para su publicación la revista Apunts Sport Medicine. Han priorizado la revista que ofrecía una publicación más rápida ya que, destaca Córdova, el objetivo de este trabajo es «hacer una aportación a la sociedad» que pueda ayudar a prevenir el contagio en determinadas circunstancias y por eso han primado los tiempos por encima del reconocimiento científico o la aportación a sus currículums. «Se trata de hacer una aportación que sea útil y, cuanto más tarde, pierde utilidad. Así, a finales de mes saldrá publicado. Para cualquier investigador son importantes las publicaciones pero para mí, en estos momentos, la publicación en sí mismo desde el punto de vista del valor científico no es tan interesante como lo que puede ser el valor de la aportación científica para la gente de la calle», justifica el catedrático, a quien sus años de carrera le avalan. «Más publicaciones no van a cambiar mi carrera pero sí pueden hacer una aportación a la sociedad», añade. 
no siempre dos metros. «Recuerde que dos metros es la distancia recomendada para sujetos normales en situación normales (sin actividad física)», advierte Córdoba, que insiste en que «está claro que debemos aumentar la distancia de seguridad en proporción a la intensidad de la carga de trabajo del atleta.