CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El Papa Francisco y España

Esta semana el Papa Francisco y la curia vaticana han designado nuevo arzobispo de Tarragona a Joan Planellas, que provocó gran polémica hace seis años cuando, siendo párroco de un pueblo gerundés de menos de 500 habitantes, Jafre, colocó una estelada en lo alto del campanario. La mujer der Albert Boadella, que con su marido llevaban años con casa en ese pueblo, expresó su contrariedad al párroco por exhibir la bandera separatista, y la respuesta fue insólita: era voluntad del pueblo y si no gustaba a los Boadella que se fueran a vivir a otra parte.

El Sumo Pontífice, al margen de las cuestiones relacionadas estrictamente con la iglesia católica –con decisiones por otra parte muy polémicas- se equivoca en la posición que mantiene con la España actual. Con la España democrática y constitucional, que es la que importa. Francisco, desde hace tiempo, demuestra una simpatía hacia el independentismo, una comprensión hacia el independentismo, que contrasta con la idea de que un líder religioso, en este caso el máximo representante de la iglesia católica, debe ser consecuente con las reglas de la democracia, que pasan incuestionable y obligadamente por la defensa de las leyes y de la Constitución de un país.

Ya provocó desazón –por no decir indignación- tanto en el mundo católico como en el mundo agnóstico y ateo de nuestro país que se alinea con la Constitución, que hace unas semanas, cuando se le preguntó si tenía previsto algún viaje a España respondió que lo haría “cuando haya paz”. Como si no la hubiera. Era evidente que el Papa se refería al problema del independentismo catalán que envenena la convivencia de los catalanes, partidos en dos social y políticamente, y que afecta profundamente al resto de los españoles. El discurso de que en España no hay paz es el que vende el independentismo catalán, con su principal portavoz en el exterior a la cabeza, Carles Puigdemont, prófugo de la justicia. Con su declaración, el Papa daba a entender que considera a Puigdemont una persona creible y, probablemente, perseguido en España.

No está la iglesia católica española sobrada de entusiastas. Las iglesias se ven vacías, las vocaciones son tan escasas que ha sido necesario acudir a sacerdotes latinoamericanos para atender a los fieles, y docenas de seminarios se encuentran definitivamente cerrados. Francisco ha tomado decisiones valientes, más en el aspecto humanitario que espiritual, pero su incursión en la política española puede provocar rechazo hacia su persona y, al paso, hacia la iglesia que representa y dirige.

Francisco se ha convertido en el paradigma del papa infalible en las decisiones dogmáticas aunque provoquen debate, pero hace incursiones en la política muy cuestionables. Porque si quiere entrar en ese terreno, no se comprende que se sitúe al lado de los que están en contra de las leyes y de una Constitución redactada por un parlamento democrático y refrendada por aplastante mayoría por los ciudadanos.