El campo de Gómara pierde la única gasolinera de la zona

Nuria Zaragoza
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La carretera nacional 234 se queda sin asistencia desde Cadosa hasta Villarroya, ya en Aragón. Y en la CL-101 tampoco hay ya ninguna estación desde Almazán hasta Ólvega

El campo de Gómara pierde la única gasolinera de la zona - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

La gasolinera de Almenar ha sido el último negocio en el campo de Gómara, en la arteria de la N-234, que ha sucumbido al temido fenómeno de la despoblación. Tras más de medio siglo ofreciendo servicio a los vecinos de la comarca, en el nudo de la N-234 con la CL-101, el negocio se ha visto obligado a echar la persiana. 
El cierre supone que durante 65 kilómetros de carretera nacional ya no queda ninguna estación de servicio operativa, de modo que quien se dirija a Zaragoza por esa vía (N-234) debe saber que desde Soria capital hasta Villarroya de la Sierra, ya en el término de Zaragoza, no hay opción alguna para repostar.  
Más de una veintena de municipios sorianos quedan desabastecidos tras la liquidación del negocio. Una comarca entera desde el campo de Gómara hasta la falda del Moncayo y la Bigornia. Un radio de 60 kilómetros aproximadamente sin una prestación que se considera servicio público. 
La gasolinera de Almenar se localiza en la N-234 pero a escasos kilómetros del cruce con la comarcal CL-101. Tras el cierre, los puntos de carga más próximos quedan ahora en Soria, Villarroya, Almazán y Ólvega. Siguiendo la nacional, desde Cadosa hasta el pueblo zaragoza (64,6 kilómetros) no hay servicio, y la estación maña abre de 7.30 a 21.00 horas. Y siguiendo la carretera comarca CL-101, una de las que más tránsito pesado soporta de la Comunidad, desde Almazán hasta Ólvega  (68,4 kilómetros) tampoco queda ya ninguna estación operativa. La de Gómara cerró «hace tres o cuatro años», recuerda su alcalde, Juan Carlos Gonzalo, que lamenta que «esta zona al final va quedando sin nada».
fin del contrato. El empresario que desde los años 60 ha gestionado la gasolinera de Almenar, la familia Sanz [Ángel Sanz y, después, su hijo Miguel Ángel Sanz], dejó de prestar el servicio «hace un mes, el pasado 31 de marzo», una vez culminó el contrato que mantenía con Repsol, la propietaria de las instalaciones. Cabe advertir que Sanz funcionaba bajo el modelo de «comisionista/gerente», es decir, las instalaciones son propiedad y titularidad de la distribuidora de carburante y el comisionista se encarga de realizar las ventas, obteniendo una comisión por litro vendido. 
Desde entonces, el negocio ubicado en el kilómetro 319 de la N-234 permanece cerrado. Este periódico ha intentado conocer la intención de la propietaria de las instalaciones a través de su departamento de prensa, sin obtener respuesta de Repsol a cierre de esta edición. 
intención de comprar. El cierre ha ido la única alternativa que ha quedado a la familia que ha regentado este negocio «durante 54 años» y que cuenta con otro negocio de hostelería en un edificio anexo a la gasolinera, el restaurante Calasanz, que seguirá abierto. «Nosotros queríamos seguir con la gasolinera y estábamos dispuestos a comprar», asegura Sanz. De hecho, apunta, «ofrecimos a Repsol la compra y pasar a funcionar como marca blanca. Teníamos ya todo listo», recalca. 
Sin embargo, no hubo opción de llegar a acuerdo:«Durante las negociaciones conocimos que va a entrar  en vigor próximamente una nueva normativa, por lo que es necesario gastarse un dineral para adecuar las instalaciones a la nueva norma. Les dijimos que nosotros seguíamos interesados en comprar, pero que nos tenían que dejar las instalaciones en condiciones, es decir, adaptadas a la normativa, porque esta gasolinera vende lo que vende y nosotros podíamos asumir la compra pero no esa inversión tan grande [que podría llegar a superar los 100.000 euros]. Ellos tampoco quisieron hacerlo, por lo que al final no se pudo cerrar la compra. El 31 de marzo terminó el contrato y nosotros lo dejamos. Como es de ellos, ellos deciden ya», sentenció Miguel ÁngelSanz, quien no escondió su «disgusto» por no conseguir cerrar el acuerdo para seguir al frente de la instalación que llevan regentando «toda la vida». «Para nosotros es una pena y, para la comarca, ya ni te cuento», consideró. 
Aunque admitió que «el negocio ya no era lo que fue en su día» y las ventas de carburante habían «caído mucho» en los últimos años, insistió en que el deseo de la familia era «seguir al frente» del negocio porque «al final es un complemento para el restaurante» y «se mantenía así un servicio para la comarca», para «clientes de toda la vida». Sobre el futuro de la instalación indicó que «Repsol de momento no nos ha dicho nada, por lo que me imagino que, en principio, la van a desmontar». 
El presidente de la Asociación Provincial de Estaciones de Servicio, Juan Manuel García Velasco, consideró «una pena» la pérdida de este servicio y recordó que no es la única zona de la provincia desatendida. En el sur de Soria, «desde Almazán hasta Santa María de Huerta no hay tampoco ninguna gasolinera». «Si tu negocio son los pueblos de alrededor y los pueblos se vacían, al final, no tienes negocio. Además, las rurales antes vivían mucho del gasóleo agrícola, pero hoy en día se sirve directamente de las distribuidoras a los agricultores, con lo cual, esa venta tampoco la tienen ya. Sus ventas se reducen y tienen que cerrar», resumió.