CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El elegido

Pedro Sánchez ha sido elegido por el rey Felipe como candidato a la presidencia de gobierno. Solo él podía serlo, porque ganó las elecciones y porque si negocia con inteligencia y sentido de Estado puede conseguir los votos necesarios para mantenerse como jefe de gobierno. Pero en la amplia sonrisa que mantuvo durante su rueda de prensa posterior al encuentro con el Rey, y en la firmeza y seguridad de sus gestos y sus palabras, se adivinaba que para Sánchez ser el elegido suponía mucho más que un diploma o una condecoración.

El tono de esa comparecencia, la soltura con la que entró en la sala de prensa y la forma con la que respondió a las preguntas de los periodistas, demostraban que al fin se había acabado el calvario que se inició cuando perdió la secretaría general del PSOE en octubre de 2016. La recuperó año y medio después y además se hizo con la presidencia de gobierno. Pero no era un presidente elegido por los ciudadanos, accedió a través de una moción de censura, fórmula absolutamente legal, pero la espinita de la no elección, se advierte ahora, la llevaba clavada. También el Rey le había elegido candidato con anterioridad, pero por el rechazo de Rajoy. Y además no fue investido.

El 28 de abril fue elegido por la mayoría de los españoles para que fuera su presidente, y el 6 de junio el Rey Felipe le elegía como el candidato adecuado para acceder a la presidencia del gobierno. Es probable que esa noche Sánchez haya vivido una celebración familiar en La Moncloa. La merecía. Por su tesón –ha hecho bueno “el que resiste gana”- y porque ya no habrá nadie que todavía ponga en cuestión la forma en que se convirtió en presidente. Porque había quien, sin conocer la Constitución, consideraba que Sánchez no había llegado de forma legal a La Moncloa.

Ha cubierto el camino más difícil, pero aún le queda trecho por sufrir aunque las penas con pan son menos, y los problemas siempre parecen superables cuando se alcanza el sueño que uno se había marcado, en su caso la jefatura del gobierno. Su mayoría parlamentaria es excesivamente minoritaria, se le nota a la legua que no se siente cómodo con algunos antiguos socios de moción de censura como Podemos o los independentistas, y hasta se le ve defraudado con algunos de sus nombramientos de gobierno aunque ha declarado que su idea es mantener a la mayoría de ministros. Veremos. Ha trascendido que quiere incluir en el nuevo gobierno a varias figuras independientes de incuestionable trayectoria profesional. Más expertos y menos “gobierno bonito” como el anterior, que le ha provocado más de un disgusto.

Ahora, lo que toca, es negociar la investidura y ver cómo apacigua a un Pablo Iglesias puede ser mal enemigo si no se lo ofrece un ministerio. Pero toros más difíciles ha lidiado Pedro Sánchez.


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