TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Hay vida más allá del 'comando Rubalcaba'

Mi colega José Luis Gutiérrez, lamentablemente fallecido hace algunos años, me reprochaba, cuando era mi director en Diario 16, que yo formase parte de lo que entonces se llamaba comando Rubalcaba, sugiriendo que era uno de los periodistas infiltrados por el PSOE en los medios. De nada servía recordar al bueno del Guti que había sido él quien me había contratado para el periódico, y que, si yo formaba parte de tal comando, era sin duda sin mi anuencia ni consentimiento y, ciertamente, también sin el de Rubalcaba, con quien nunca tuve excesiva confianza informativa. 
Tampoco estoy demasiado seguro de que existiese jamás ese comando: de hecho, un día, en su despacho de secretario general del PSOE (estaba él a punto de dejar la política), Rubalcaba me agradeció que, en sus horas bajas, solamente otro colega y yo le hubiéramos, si no defendido, sí, al menos, no atacado de la manera despiadada con que le zurraban algunos de los que estos días se han desmedido en el elogio fúnebre: "y eso que entre tú y yo hay bastantes diferencias", me dijo. Y las había. Yo creo que lo del comando Rubalcaba era una manera de frenar comentarios desfavorables al partido entonces gobernante. Porque, dicho sea de paso y sin acritud, para maldades hacia los periodistas, las que partían de alguna terminal monclovita muy próxima a Rajoy y a su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. 
He recordado lo del comando precisamente ahora que la campaña de la segunda vuelta entra en su apogeo porque tengo la impresión de que pocas veces fue tan difícil ejercer el periodismo de manera libre. Sobre todo, cuando lo practicas sin la red de un medio fuerte respaldándote en nómina. Si el presidente Sánchez caza algún comentario desfavorable hacia su ética o hacia su estética política, puedes estar seguro de que alguna vez te llegarán ecos de su vendetta de alejamiento: no te comerás un rosco informativo, y ya se sabe que los roscos son redondos. 
Y hay más: si criticas la campaña de Casado es que estás a favor de Rivera, y viceversa. Si dices que el PP debería abstenerse para facilitar que el PSOE gobierne en solitario, sin adherencias de Podemos, será el mismísimo Pablo Iglesias quien te tache de estar dependiendo de los intereses de la patronal. Vox, al menos, no es tan sinuoso: directamente impide la entrada a sus mítines a aquellos periodistas a quienes las huestes de Abascal consideran críticos o hasta indiferentes. 
Así que ahora lo de menos ya es que te achaquen el estar en uno u otro comando informativo: una de las cinco Españas partidistas ha de helarte el corazón, periodistilla que vienes al mundo, del mundo (político) te guarde Dios. A veces hasta he llegado a entender a algunos compañeros que aceptaron, o buscaron, ir en las candidaturas electorales, abandonando toda impresión de independencia: este sacerdocio -siempre lo he considerado como algo muy cercano a eso- resulta, a veces, demasiado duro.