DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Añoranza

Las últimas encuestas vienen a confirmar lo que comienza a ser clamor en las conversaciones de calle: El bipartidismo recupera terreno y los partidos emergentes pierden fuelle frente a las dos históricas formaciones, PSOE y PP. Asaltar los cielos no es tan fácil como alguno se lo prometía y las bisagras en política hay que manejarlas con tacto y humildad para que el quicio de la razón, del sentido común y del respeto a los ciudadanos, no termine desquiciado. Podemos, Ciudadanos y Vox no son capaces de suturar sus propias heridas, abiertas en las elecciones municipales y autonómicas. Por el contrario, la hemorragia de votos comienza a dar signos de colapso vital en las tres formaciones. Una parte importante de la sociedad parecía entender que la savia nueva quebraría los peores comportamientos del pasado: Evitaría la dependencia de los partidos nacionalistas, abonados al chantaje cuando su concurso era necesario para el gobierno de España, y achicaría también la deriva de corrupción y nepotismo, perversiones que obtienen sus mejores réditos con las mayorías absolutas.
Ha sido frustrante. Los tres partidos jóvenes han demostrado que no son mejores que lo viejo, que lo único que les importa también es el poder, pillar cacho, participar en el reparto del botín. Algo sin duda consustancial a la política, pero que adquiere tintes groseros en las formas empleadas por quienes se presentaban con el estandarte de la regeneración. Iglesias reclama con tanto ahínco un Ministerio que más bien parece que pide su propio cortijo. En el otro lado, Rivera ya no es respetado ni entre los suyos. Se suceden las dimisiones y algunos de talante aparentemente crítico que no han dado tan drástico paso, reconocen que tienen a sus votantes cabreados. Es el caso de Igea en Castilla y León. Mantiene el pacto de Gobierno con el PP y lo justifica reclamando paciencia. Asegura que también desde dentro se pueden cambiar los comportamientos contra los que se presentó a las elecciones. Se acoge a cuatro años para demostrarlo. Así que en medio de tanto bullicio, de tanto ejercicio de trilerismo, no sorprende la tendencia sociológica al pasado.