COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Debates útiles e inútiles

El equipo de campaña del PSOE se ha equivocado de medio a medio en el asunto de los debates electorales porque su estrategia ha sido desenmascarada o pregonada por ellos mismos cuando pretendían un debate a cinco para que se repitiera la foto de Colón con las tres derechas, y al negarse a realizar un cara a cara con el líder de la oposición, Pablo Casado, que aunque demediado y a punto de perder, según las encuestas, buena parte de su patrimonio parlamentario, lo es hasta que la urnas dicten su veredicto.

Que al menos es preciso realizar dos debates electorales debiera ser consuetudinario y ni  tan siquiera debiera hacer falta instar a una reforma de la ley electoral que los imponga, porque debe ser un uso democrático normalizado y si se quiere, rizando el rizo, a fecha fija para que al perdedor del debate a dos le dé tiempo a recomponer la figura. Es tan de sentido común y había comenzado a ser un acto más de campaña que el empecinamiento de Pedro Sánchez en no debatir con Pablo Casado le deja en mal lugar desde todos los puntos de vista. Que además el duelo entre los principales espadas no se celebre en la televisión pública, con cesión de la señal para todos los medios de comunicación que quieran, es un desprecio hacia lo público que los socialistas dicen defender. Lo que no es impedimento para que todos los medios que quieran realicen los debates sobre los asuntos que consideren más relevantes y con los candidatos que los partidos consideren más oportunos.  

La decisión de Pedro Sánchez de participar, finalmente en un debate a cuatro –sin la presencia de Vox por mandato de la Junta Electoral Central- en la televisión pública ha originado un ataque de celos de Atresmedia, que había previsto el debate a cinco, y se muestra dispuesta a celebrar incluso un debate a tres, si el jefe de Ejecutivo no comparece y al que han dicho los otros tres líderes nacionales que acudirán.

Cuestión distinta es su utilidad, porque el que da primero da dos veces. Por ejemplo: el pasado sábado en un programa de La Sexta se realizó un debate en el que participaron María Jesús Montero, Inés Arrimadas e Irene Montero, las mismas interlocutoras tres días después en La Primera en el debate a seis, y quien viera ambos pudo comprobar que los argumentos de todas ellas y las expresiones en uno y otro debate fueron calcadas.  En efecto, un doble debate de los cuatro candidatos con escasos día de diferencia aportaría muy poco a los ciudadanos y no dejaría de ser una escaramuza entre medios de comunicación.  

Sin embargo no se entiende que Pedro Sánchez no quiera debatir con Pablo Casado. Tiene a su favor la acción de gobierno de los últimos diez meses, incluidos los decretos ley ‘sociales’ convalidados por amplia mayoría, y argumentos para responder a las acusaciones que le realice el líder popular sobre el problema catalán, aunque le muerda la pantorrilla con la sospechas sobre un futuro indulto a los responsables políticos del ‘procés’. Y en el resto de asuntos tiene una cierta ventaja estando tan reciente lo hecho y dejado de hacer por el expresidente popular Mariano Rajoy en cuanto a recortes de derechos sociales y precariedad en el empleo. Sánchez debe correr el riesgo de que Casado le propine una cornada como la que él infirió a Rajoy cuando le  dijo que no era una persona decente.  Y tratar de salir airoso.   


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