TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


En verso

17/10/2020

Era «la historia del gafe Fernando, el que perdía incluso ganando». Desconozco el autor, si era popular o de diosas como Gloria Fuertes, si se cantaba en tu barrio o sólo en el mío, pero glosaba la figura de un niño muy torpe, muy negado y sobre todo muy cenizo al que todo le salía mal… incluso cuando pensaba que había hecho algo bien y presumía ante los suyos. Sé que Bartomeu tiene mala rima (seguro que en catalán hay más material, por la terminación aguda en -eu), pero alguien debería actualizar la cantinela del pobre Fernando, estigmatizado desde hace demasiado tiempo cuando a lo largo de la historia ha habido gente que le ha superado. Estos tipos cargados de buenas intenciones pero con un don innato para pifiarla, han encontrado a un líder espiritual en el presidente azulgrana, a quien incluso algo tan necesario como la renovación de Ter Stegen le va a salir rana. Lo imagino levantando el pulgar, sonriendo, poniéndose la medallita de «Yo renové / a Marc André» (hoy todo viene en verso) y mirando a la parroquia, la que sospecha que es un enviado del madridismo dinamitando el club desde adentro, esperando la ovación. «¿Tampoco ahora? ¿Qué hecho mal esta vez?», pregunta dolido. Pues resulta que hay una muy buena parte cabal del barcelonismo que no se explica cómo la renovación de un portero puede irse hasta los 18 millones de euros al año, cuando Neuer o Courtois están entre 7 y 8, Oblak renovó por 10 y el mejor pagado del mundo (por un grosero error de cálculo del United y la tendencia inflacionista de la Premier) era De Gea con 14,5 por temporada. Incluso cuando piensa que ha hecho algo bien, pues la renovación de Ter Stegen era una de las piedras angulares del proyecto, la gestión es mala: un sueldo fuera de mercado en unos tiempos de crisis mundial y restricciones por todos lados. Supongo que «es la historia del gafe Josep María, el que acertando también la lía».



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