Hachas y cincel de la Edad de Bronce

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Las piezas se hallaron de forma casual en las obras de una pista forestal

Hachas y cincel de la Edad de Bronce

La pieza denominada Depósito de Covaleda fue hallada de forma casual en los años 50 del siglo pasado, al hacer explosionar cargas para abrir una pista forestal, cubierto parcialmente de arena  y sin contexto arqueológico.
Este tipo de depósitos, que se vienen considerando una ocultación intencionada, tienen una serie de características comunes. Las principales son   que se trata de útiles metálicos que nunca habían sido utilizados, que normalmente son armas o hay una gran concentración de las mismas y que no existe un yacimiento arqueológico, un poblado, cercano que pudiera explicar su significado.
Suelen encontrarse en cuencas fluviales o caminos o lugares de paso en la montaña. Debido al modo en el que se descubrió este deposito, la explosión alteró gravemente el entorno por lo que no puede reconstruirse el paisaje original.
Germán Delibes, catedrático de la Universidad de Valladolid, quien estudió monográficamente estos depósitos, interpreta que dicha ocultación obedecía a una funcionalidad ritual y a la intención de no ser recuperado. Igualmente, puso en relieve que se hicieron depósitos parecidos en otros lugares de la zona Norte. Interpretaciones menos aceptadas son las tesis mantenidas por otros autores que interpretaron que fueran  depósitos de comerciantes que lo ocultaban para recuperar más tarde el material y comerciar con ellas.  Delibes nos explica que fueron ofrendas a deidades que se creía habitaban o se personificaban en montañas, ríos, lagunas…, deidades que posteriormente serian asimiladas por los pueblos de influencia celta.
No obstante otros investigadores como Eduardo Galán, Óscar García e Ignacio Montero que realizaron el Catálogo de hachas de talón del Museo Arqueológico Nacional  prefieren no analizar el posible significado de los depósitos que efectivamente carecen de contexto arqueológico. 
El conjunto de este depósito lo componían cinco piezas, una de ellas desaparecida por los avatares del hallazgo: tres hachas de talón o anillas, con otra de apéndices y un cincel tubular o regatón. El análisis de las piezas dio como resultado la composición mineralógica de las mismas: bronce (aleación de cobre y estaño) con un porcentaje de plomo. Se desconoce el motivo por el que  se incluyó plomo en la  aleación algo que también pudo ser fortuito o responder a un ensayo.
En este periodo de la Edad del Bronce existían rutas comerciales consolidadas que recorrían Europa  para la consecución de estaño que se ha demostrado procedía en ocasiones de Inglaterra o la costa francesa. El control de este comercio y sus rutas configuró a  estas sociedades y sus modelos de jefatura que, sin duda, debieron estar relacionados con el control y distribución de los metales y los objetos elaborados con ellos.
El metal se empleaba para realizar útiles, armas y adornos. Algunos de ellos tuvieron desde su fabricación una finalidad exclusivamente utilitaria pero otros debieron realizarse con un destino religioso o o ritual.
También podríamos considerar que fueran ocultados en una situación de huida  sintiéndose su propietario amenazado, con la pretensión de recuperarlos más tarde. En este caso su propietario no volvió. No obstante la existencia de otros depósitos en similares lugares y sus características nos hacen considerar. La interpretación de Delibes como la más fidedigna.