El empleo de las urnas funerarias

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El empleo de las urnas funerarias

La pieza se halló al hacer obras en la N-122 en 1975 cerca de Uxama Argaela

La muerte ocupa un lugar central en todas las sociedades. El nacimiento y la muerte son dos hechos de gran trascendencia social. En la muerte, la creencia en una vida posterior y la práctica de rituales, social y religiosamente establecidos, han sido una constante en la historia de la humanidad. 
La arqueología ha recuperado los restos de estructuras funerarias así como los restos humanos, inhumados o incinerados y los ajuares, objetos elegidos para que el difunto disponga de ellos en una vida ulterior. Obviamente, si se depositaron ajuares de materiales perecederos, se perdieron.
Cada cultura ha desarrollado, de acuerdo a sus creencias religiosas, el ritual que facilita el tránsito a la otra vida. Cada sociedad ha reproducido de modo real o simbólico su modelo en el tipo de enterramiento de los individuos y en la complejidad de sus tumbas y riqueza o pobreza de los ajuares. 
La pieza que hoy se muestra es una urna funeraria de piedra esculpida, ahuecada en su interior para albergar las cenizas del difunto y su  ajuar, compuesto por dos ungüentarios de vidrio. Su descubrimiento tiene gran valor puesto que se encontró sellada y en su disposición original. La apertura y excavación del interior se realizó en el Museo Numantino. 
En Roma, se practicaron la inhumación y la incineración. La tipología de las tumbas era muy variada en función de preferencias individuales, el prestigio social de las familias y la riqueza de los individuos. Los cementerios se situaban, generalmente junto a la vía principal de acceso a las ciudades.
El ritual debía realizarse correctamente para hacer posible el tránsito a la otra vida. La superstición creía que de otro modo los muertos podían actuar contra los vivos al situarse en un lugar intermedio entre la vida y la muerte. En la narrativa romana se contaron supuestos de almas rechazadas por Caronte, el barquero de la laguna Estigia que los muertos debían cruzar, porque no llevaban consigo el óbolo que debían pagarle, porque su alma no se había purificado o que hubiera quedado insepulto. Al ser rechazadas estaban condenadas a vagar por la orilla de la laguna por lo menos durante cien años.
La entrada a este inframundo, tras cruzar la laguna Estigia, estaba custodiada por el can Cerbero, que velaba porque no se adentrara los vivos ni escapara de allí alguna sombra.
El romano fallecido tenía tres posibles destinos, los Campos Elíseos, reservado a los emperadores y héroes que morían con honor, los Prados Asfódelos, adonde llegarían los muertos que eran dignos y el Tártaro,  adonde se dirigirían los condenados en vida o aquellos cuyo juicio hubiera sido negativo. 
La urna cineraria se halló  en 1975 al realizarse trabajos de adecuación de un tramo de la N-122 próximo al yacimiento de Uxama Argaela. Está compuesta por dos piezas: la inferior, que cubica  de 40 centímetros por 45 centímetros y donde se incidió una oquedad de 15 centímetros de profundidad, destinada a recibir los restos de la incineración y los ungüentarios;  y la superior, cubierta de la urna,  tiene un diámetro de 40 centímetros. El tipo de urna corresponde a un prototipo itálico que en  Hispania tiene una cronología altoimperial temprana es decir, en este caso, del periodo julio-claudio.
Los ungüentarios, eran valiosos y se utilizaban para contener aceites y perfumes. La altura de estas piezas es de 11 centímetros y 7,9 centímetros, dentro del repertorio formal el de vidrio azul corresponde a la forma Isings 26 y el alargado a la Isings 82, fechados ambos en el  s. I d.C. 
Muchos de estos ungüentarios se realizaron en vidrio soplado, técnica que contribuyó a popularizar el uso de  estos objetos,  aunque inicialmente hubo muchos de ellos que se realizaron en porcelana. Existe la hipótesis romántica de que ciertos de los modelos usados sirvieron  para recoger las lágrimas por el fallecido, algo  sin duda metafórico.
En las bases de las piezas de vidrio solía ponerse un sello, mezcla de letras y motivos florales. Los ungüentarios son, en sí mismos, una pequeña obra de arte, de formas y colores muy variados, indicativa del nivel de perfección alcanzado en el trabajo del vidrio soplado en el mundo romano.

El empleo de las urnas funerarias
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