TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Clase media

Los mejores entrenadores de la historia sabían y saben (y sabrán) de la importancia de la clase media, y además hacían ostentación y apología de ella. De alguna manera, esa clase media funciona como el perfecto mortero que une las lujosas piezas que se pueden permitir los gigantes; y si bajas de categoría hacia los modestos, incluso en la elite, puedes encontrar cómo el capitán y dos o tres jugadores son gente de la casa que no tendría cabida en ningún otro vestuario de Primera, pero sin ellos es imposible entender el club. Los genios ganan finales, la clase media Ligas y torneos largos.

El Real Madrid selló un año casi sabático, un punto por encima de desastroso y tres por debajo de mediocre. Y si en estos clubes las moscas se matan a cañonazos, imagínense las crisis de verdad: la solución, por lo visto, está en vender todo lo posible para fichar figuras. Esas ventas atañen, claro está, a la clase media. Se han ido Valverde y Kovacic en un puesto muy específico, se esperan las salidas de Ceballos, Theo o De Tomás, se ha cedido a Reguilón, se ha escapado Sarabia hacia el Paris Saint Germain…

En la vieja parábola del equipo de remo, si lo recuerdan, los analistas de la crisis de resultados convinieron en presentar cada año un equipo con menos remeros y más patrones, planificadores y jerifaltes… y claro, como cada temporada la clasificación era peor, al final quedó un solo remero al que culpar del desastre. Miremos hacia el Bernabéu: ¿A quién habrá que reñir si los resultados no son los esperados? Porque sobre el campo habrá una estupenda nómina de peloteros a los que les sobra fútbol pero les faltará esa argamasa (clase media) que suele absorber las críticas, remar en aguas revueltas o convertirse, voluntaria o involuntariamente, en la cabeza de turco de una crisis. Una política de ventas y fichajes peligrosa en un escenario de malos resultados.


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