TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Maroto

Salvo sorpresa enorme y ruptura brusca de una tradición parlamentaria, Javier Maroto será elegido hoy senador autonómico por Castilla y León a propuesta del PP. O sea, que tendremos polémica para rato por mucho que los populares hayan salido en tromba a defender esta opción. Y a justificarla con argumentos tan absurdos y peregrinos como comparar este caso con la elección, hace un siglo, de Miguel de Unamuno como diputado por Salamanca. Lo ha hecho el propio presidente de la Junta, Fernández Mañueco, en las dos primeras entrevistas concedidas tras su investidura y la toma de posesión de su gobierno. ¿Qué ha llevado a don Alfonso a meterse en este charco? Sin duda, el malestar y las protestas que ha generado la propuesta de Maroto, una persona sin vinculación alguna con Castilla y León y que, incluso, ha hecho manifestaciones muy contrarias a los intereses de esta tierra. Baste un ejemplo: cuando era alcalde de Vitoria, y antes y después, defendió que el burgalés Condado de Treviño fuese territorio alavés. Si este asunto llegara al Senado, ¿qué haría el señor Maroto? Es fácil adivinarlo. Ahora don Javier es ciudadano de Castilla y León. Para que pueda ser senador lo han empadronado deprisa y corriendo en Sotosalbos (Segovia), el pueblo natal de Francisco Vázquez, secretario regional del PP y hombre de confianza de Mañueco. A Unamuno no hizo falta que lo empadronara nadie en Salamanca. Nació en Bilbao (vasco como Maroto, este de Vitoria), pero vivía en Salamanca, daba clases en Salamanca, escribía en Salamanca, formó una familia en Salamanca y se presentó a las elecciones por Salamanca. No lo nombraron a dedo y sin pasar por las urnas. Alguien tenía que habérselo explicado a Mañueco antes de establecer parangones tan inexplicables como cómicos. Y alguien tendrá que preguntarle si no hay en esta tierra una persona con méritos y capacidad suficientes para ser senador por Castilla y León. ¿O no le han dado Casado y García Egea otra opción?


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