SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Cabeza de gambas

¿Han calculado cuántas cabezas de gambas habrán chupado en su vida? Siempre lo he percibido como una costumbre muy española. Yo confieso que ninguna, porque soy muy escrupulosa y me da repelús. Toda la vida absorbiendo en este país la sesera de las gambas y ahora resulta que es malísimo para la salud de los humanos porque se ingieren pequeñas cantidades de cadmio. Lo acabo de consultar en Google y se trata de un metal de color blanco plateado, maleable, parecido al estaño, altamente tóxico que se usa en aleaciones para la fabricación de extintores, alarmas de incendios y fusibles, en soldadura, etc. Lo lees así de corrido y te entra tiritera, aunque no chupes cabezas de gambas y aunque no seas hipocondríaca. Las gambas que habrán circulado por las mesas navideñas en estos días con todo su cadmio dentro. Mejor no pensarlo.  
Y, ¿qué me dicen de los tiques de la compra en los que se borra la tinta? Un estudio de la Universidad de Granada concluye que contienen bisfenol A que altera el equilibrio hormonal de las personas expuestas a él y que se ha vinculado con infertilidad, malformaciones genitourinarias, obesidad y cáncer en órganos dependientes de las hormonas como el de mama. Acabo de hacer limpieza en mi cartera que la llevo siempre a reventar de tiques borrados. Terminamos el año con estas alarmas y reflexionando sobre los graves peligros que nos pueden estar acechando sin saberlo. Yo que soy optimista y vitalista por naturaleza, le doy la vuelta y prefiero pensar  que quizá en este 2020 nos adviertan de beneficios que desconocíamos y que repetimos con la misma frecuencia con la que durante décadas hemos chupado cabezas de gambas y hemos guardado tikets de compra que se borran. Quizá nos anuncien que madrugar mucho alarga la vida. Eso lo digo desde mi egoísmo, claro, que así igual me gano dos o tres años más de los previstos. También desde mi ego se me ocurre que quizá descubran en este año que el consumo continuado de chocolate multiplica las capacidades creativas y cognitivas. De ser así, de aquí a nada puedo superar con creces a Dalí o Einstein, según me dé por el arte o la ciencia. O imaginen que nos dicen que el torrezno nos hace inmunes al insomnio. Todo Soria durmiendo a pierna suelta aunque sea verano y tengamos una ola de calor encima. Visto lo visto, nos pueden deslumbrar con cualquier descubrimiento. Yo deseo que esta década de los años 20 que acabamos de estrenar sea tan feliz y tan loca como lo fue la del siglo pasado. Y al ritmo que hemos empezado con el cadmio y el betafinol, a mí, en lugar de asustarme, me resulta cómico. Igual es que con los años me estoy volviendo una insensata, tanto que hasta puede que comience a chupar cabezas de gambas venciendo a mi  repelús y mis escrúpulos.



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