TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Alguien miente

Si fuese algo esporádico, como cualquiera de los 44 nombres asociados al Real Madrid desde hace dos meses, un flashazo puntual, no perderíamos un minuto de nuestra vida en el asunto. Pero como es algo estructural, algo que aparece todos los días con esa extraña forma de verdad aún sabiendo que hay mucho más de mentira que de otra cosa, convendremos en que alguien miente: es imposible que lleguen Mbappé, Pogba y Eriksen, que hagamos hueco a Hazard y a Vinícius y a Rodrygo, que sigan cabiendo Isco, Asensio y Brahim, que vayan a jugar Casemiro, Kroos y Modric (estos dos últimos renovados)… Alguien miente porque este deporte ha demostrado ser traicionero y volátil, un teatrillo absurdo que aprovecha su espíritu intrascendente (el mundo seguiría girando sin fútbol) para colarnos trolas a diario. Y tragamos con ellas, acomodándolas a nuestro día a día, conviviendo con total naturalidad con el embuste. Si ya hemos convertido la falacia en algo rutinario a nivel político -y ahí siguen los fuleros, tomando decisiones por nosotros-, ¿cómo no hacerlo con algo tan trivial como el fútbol? ¡Pues que vengan todos, claro que sí, y si no nos quedan fichas libres ponemos a Eriksen a cortar entradas y a Rodrygo a trazar las rectas de cal del Bernabéu!

A todo esto, de Chamartín no ha salido ni el tato. Queda mucho hasta el 31 de agosto y en estos momentos asistimos al clásico tira y afloja entre representante, representado y club (y nosotros que se lo contamos) en el que pierde el primero que se ponga nervioso. Sin embargo, hay aficionados que lejos de ilusionarse con tanto nombre propio empiezan a sospechar que están jugando con ellos. «Es imposible», decía un parroquiano ojeando y hojeando el periódico de turno, mirando todos los 'cromos' prometidos para esta ventanita de verano. Pero sí, señor: todo es posible en el reino de la mentira.


Las más vistas

Opinión

Verano a verano

Hemos vuelto a nuestros pueblos en este tórrido verano con nuestras canas, arrugas y el peso de los años que hace difícil a veces reconocernos y nos obliga a darnos cuenta de que la vida rural va evaporándose sin remedio